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Crítica de “Indómita Luz”: Antu y su perspectiva sobre la vida

El documental sigue a una niña ciega y su día a día mientras recorre Argentina junto a su familia en una casa rodante desde la que proyectan películas en distintos pueblos.

Crítica de “Indómita Luz”: Antu y su perspectiva sobre la vida
viernes 06 de noviembre de 2026

En Indómita Luz (2026), el director Luis Sampieri acompaña a Antu, una niña ciega, y a su familia en un viaje permanente por Argentina a bordo de un motorhome. Durante el recorrido, se detienen en pequeñas localidades para proyectar películas en fílmico. A través de esa experiencia itinerante, el documental se aproxima a la vida cotidiana de Antu, sus pensamientos y su particular manera de percibir el mundo que la rodea.

Antu nació sin ojos debido a una anomalía congénita conocida como anoftalmía bilateral. Sin embargo, su condición no le impide relacionarse con el entorno, sino que determina una forma diferente de experimentarlo. A través del tacto, el olfato, el gusto y el oído, construye imágenes mentales de aquello que no puede ver. Su imaginación completa ese universo sensorial y le permite desenvolverse en actividades propias de cualquier niña de su edad: ir al colegio, jugar y compartir momentos con su familia. La película evita presentar estas experiencias desde una mirada exclusivamente ligada a la discapacidad y se interesa, en cambio, por la singularidad de su percepción.

Sus padres, Cecilia y Santiago, cumplen un papel fundamental en ese proceso. Ambos la ayudan a interpretar lo que sucede a su alrededor, describiéndole los espacios, los objetos y hasta las imágenes que aparecen en las películas. Esos relatos no funcionan solamente como una herramienta para acercarle aquello que no puede ver, sino también como una forma de compartir experiencias y construir un vínculo afectivo. El documental dedica varios momentos a observar la tarea de ambos como padres: acompañan a su hija, le enseñan y la orientan, pero también procuran desarrollar su autonomía para que pueda desenvolverse por sí misma a medida que crezca. La crianza aparece así como un ejercicio de acompañamiento que busca ampliar sus posibilidades sin convertir la protección en una limitación.

El filme se mueve entre dos escenarios: Argentina y España. La cámara sigue a la familia durante sus recorridos por las rutas argentinas y también en sus viajes a Cataluña, donde visitan a otros integrantes de la familia y realizan los controles médicos de Antu en Barcelona. Cada espacio adquiere una función particular dentro del relato. En España, la vemos relacionarse con sus familiares y atravesar las consultas médicas, que forman parte de una rutina ya incorporada a su vida. Incluso en el hospital, mientras escucha las indicaciones del médico y comprende los procedimientos, Antu conserva su espontaneidad y se comporta con la naturalidad de una niña acostumbrada a esas visitas.

En los tramos argentinos, Sampieri incorpora algunos recursos de la road movie: registra los desplazamientos desde el interior y el exterior del vehículo, los paisajes que atraviesan y las paradas para descansar o comer. La cámara acompaña a la familia de cerca, aunque sin interferir demasiado en sus actividades cotidianas. En los pueblos que visitan, el documental se detiene también en el trabajo de Santiago, responsable de organizar las proyecciones. Allí, el espectador puede observar los preparativos que exige exhibir películas en celuloide, el funcionamiento de los proyectores y la respuesta de los habitantes frente a esas funciones, donde las imágenes en blanco y negro recuperan su dimensión colectiva y comunitaria.

Presentada en el 41° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Indómita Luz encuentra su principal valor en la posibilidad de acercarse a una experiencia de vida que cuestiona las formas convencionales de percibir el mundo. La historia de Antu conmueve, pero también invita a revisar las ideas sobre la autonomía, la discapacidad y los vínculos familiares. Sin recurrir a una mirada paternalista, el documental observa cómo una niña construye su propia relación con el entorno y cómo su familia acompaña ese proceso. En paralelo, los paisajes recorridos en el motorhome y las proyecciones itinerantes aportan una dimensión aventurera que amplía el retrato. Más que explicar cómo es vivir sin ver, la película propone acercarse a otra manera de sentir, imaginar y habitar el mundo.

8.0
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