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Crítica de “Digger”: Tom Cruise en una grotesca parodia de las élites de Alejandro González Iñárritu

Tom Cruise protagoniza la nueva película de Alejandro González Iñárritu, una sátira sobre el poder y las élites globales que combina absurdo, crítica social y una puesta visual desbordante.

Crítica de “Digger”: Tom Cruise en una grotesca parodia de las élites de Alejandro González Iñárritu
miércoles 30 de septiembre de 2026

Alejandro González Iñárritu se vuelve a meter con el poder, el capitalismo y la catástrofe climática con Digger (2026), una sátira desbordada, incómoda y por momentos delirante.

Digger Rockwell (Tom Cruise), un descuidado petrolero, provoca una catástrofe ambiental de escala global al ignorar las consecuencias de sus operaciones en el Ártico. Con el desastre avanzando y el mundo al borde del colapso, se lanza a una frenética misión para controlar la crisis, aunque solo le importa porque puede afectar su imagen. Y para sumar al caos aparecen el presidente de Estados Unidos, científicos y funcionarios que intentan manejar las consecuencias políticas y mediáticas del desastre. ¿Qué puede interpelar a un mega magnate estadounidense que vive absolutamente alejado de la realidad? La salud de su extremadamente longevo gato, no perder nada del poder construido y sentir que puede salvar al mundo de la crisis ambiental que él mismo originó. 

Iñárritu sabe contar una historia de manera no tradicional, algo que ya viene demostrando desde Amores perros (2000), Birdman (2014), Babel (2006) o Bardo (2022), pero en esta ocasión sorprende con una exagerada representación de la realidad que puede ir por los lugares menos esperados, indagando en territorios grotescos y surrealistas dignos de Michel Gondry, Terry Gilliam o Charlie Kaufman pero, de alguna manera, sin salir de la realidad, mediante una sinécdoque permanente de lo que ocurre en la actualidad.

Tom Cruise deja todo en pantalla para representar a Digger, un personaje complejo por su mente simple y sus inesperadas formas de afrontar las situaciones, que se van profundizando cada vez más con el correr de los minutos y poniendo en una tensión cada vez más insoportable el futuro del planeta. El resto del reparto está a la altura de la propuesta. Riz Ahmed, Sandra Hüller, John Goodman, Jesse Plemons y Michael Stuhlbarg aportan solidez y personalidad a personajes que, aun dentro del tono desmesurado de la película, encuentran en sus interpretaciones el registro justo de actores de enorme oficio, capaces de moverse entre la sátira, el absurdo y el drama sin perder credibilidad.

Visualmente atractiva por su toque impostado de efectos prácticos, bien lejos del CGI o la inteligencia artificial, sus efectos se sienten deliberadamente irreales, como si la película abrazara el artificio en lugar de esconderlo. Los diálogos son por momentos extensos y hasta un poco cansadores, pero es el ejercicio de seguirlos de cerca lo que va a llenar al espectador de conceptos ácidos y bien logrados, con críticas a las distintas esferas que forman parte del problema económico, social y ambiental.

8.0
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