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Crítica de “Casi hermanos”: Woody Harrelson y Matthew McConaughey en una serie sobre la amistad
Los protagonistas y productores de "True Detective" regresan a un proyecto juntos, pero esta vez desde el humor.
Dirigida en varios de sus episodios, incluido el piloto, por Trent O’Donnell, Casi hermanos (Brothers, 2026) juega con la imagen pública de Woody Harrelson y Matthew McConaughey para convertir su amistad en el centro de una comedia sobre la familia, la identidad y las contradicciones de la fama.
Woody Harrelson y Matthew McConaughey hacen de sí mismos o, al menos, utilizan sus propios nombres para componer una versión farsesca de sus propias figuras públicas. Así como Alberto Olmedo y Jorge Porcel eran Alberto y Jorgito en su celebrado dúo cómico, los actores juegan aquí con sus respectivas imágenes públicas y con la relación que mantienen con sus familias. La madre de Woody, el padre de Matthew, las mujeres y los hijos que los rodean funcionan, al mismo tiempo, como parte de su identidad y como una carga cotidiana, mientras que la amistad entre ambos aparece como una vía de escape de esa rutina hogareña.
El disparador llega cuando Ma Mac (Holland Taylor), la madre de Matthew, revela un secreto familiar: Woody y Matthew podrían ser hermanos. A partir de allí, Woody se empecima en descubrir la verdad, mientras Matthew evalúa postularse como gobernador de Texas. La serie encuentra así dos conflictos que, en principio, permiten poner en tensión la amistad, la familia y las respectivas identidades de sus protagonistas.
Como en todo dúo cómico, uno será el serio y el otro el errático; uno, el estructurado y conservador, y el otro, el desaliñado y problemático. Solo que Casi hermanos no establece de antemano qué actor ocupará cada lugar. En un episodio será Woody quien aparezca fumando sustancias ilegales y, en otro, Matthew quien proponga alguna idea extrema. Como buenos amigos, además, cada uno deberá contener al otro cuando la situación se desborde.
Con estos elementos mínimos, y bastante clásicos, Casi hermanos pone en marcha una propuesta que no siempre funciona. El problema aparece cuando el atractivo inicial se diluye rápidamente y la fórmula pierde efecto después del primer impulso. Aunque el posible vínculo sanguíneo y la eventual candidatura política ofrecen conflictos capaces de hacer avanzar la historia, la serie suele preferir el gag aislado y la situación disparatada antes que construir una verdadera progresión narrativa.
A mitad de camino entre el reality show y la ficción, Casi hermanos termina funcionando más como un acompañamiento de sus célebres protagonistas que como un relato con una estructura narrativa consistente. La química entre Harrelson y McConaughey, que ya había sido explotada en True Detective, es el principal atractivo, pero la serie parece confiar demasiado en el conocimiento previo que el espectador tiene de ambos. Así, más que construir personajes nuevos, se limita a jugar con sus propias figuras públicas, convirtiendo esa complicidad en el punto de partida y, al mismo tiempo, en su principal límite.