Salas
Crítica de “El último gran golpe”: Russell Crowe en una comedia criminal irregular
El thriller de Derrick Borte, basado en la novela Strip de Thomas Perry, reúne a Russell Crowe, Luke Evans, Teresa Palmer, Aaron Paul y Nina Dobrev en una historia de delincuentes y traiciones.
El último gran golpe (The Get Out, 2026) está dirigida por Derrick Borte, realizador de Fuera de control (Unhinged, 2020), y adapta la novela Strip, del escritor Thomas Perry. La película sigue a Manco Kapak (Russell Crowe), un hombre ligado desde hace años al mundo criminal que administra un club nocturno en Los Ángeles. Cuando decide alejarse de esa vida, una serie de robos en su local vuelven a ponerlo en el centro de una trama de engaños, traiciones y ajustes de cuentas.
La novela plantea una historia cargada de ironías del destino, de esas en las que un problema aparentemente menor termina desencadenando una cadena de situaciones cada vez más absurdas. El tono remite inevitablemente a ciertas películas de Guy Ritchie, donde delincuentes de poca monta, criminales profesionales, policías corruptos y personajes extravagantes se cruzan en una trama de engaños y traiciones. El problema es que Ritchie maneja un registro muy particular, capaz de combinar el humor negro con violencia sin que uno termine anulando al otro. Borte no siempre consigue ese equilibrio.
Algo similar sucede con los personajes. La historia necesita maleantes estrambóticos que se traicionan, se enfrentan, estafan entre sí y toman decisiones cada vez más disparatadas. El que mejor encuentra el tono buscado es Russell Crowe, que cuando participa de este tipo de películas parece no tomarse demasiado en serio ninguna de las situaciones. Esto le permite atravesar con mayor facilidad los despropósitos de la trama y le aporta al personaje una humanidad que evita que Manco se convierta simplemente en otro gángster de manual.
Luke Evans, Teresa Palmer, Aaron Paul y Nina Dobrev completan un reparto que funciona mejor cuando se entrega al drama que cuando intenta parodiar el mundo criminal. El jefe narco y algunos de sus subordinados, por ejemplo, están construidos como caricaturas. El asistente drogadicto responde a la misma lógica: lo que inicialmente puede resultar gracioso termina acercándose a lo ridículo, porque el guion insiste demasiado en remarcar aquello que debería surgir naturalmente de las situaciones.
Lo mejor de El último gran golpe está, paradójicamente, en la historia que hereda de la novela de Thomas Perry. Las sucesivas vueltas de tuerca están suficientemente bien planteadas como para que la ironía del destino termine funcionando cuando todas las piezas comienzan a encajar. El resultado es una película entretenida y con buenas ideas, pero demasiado irregular para alcanzar el nivel de las comedias criminales que claramente toma como referencia.