Crítica de "Amapola": un cuento de hadas de Eugenio Zanetti con François Arnaud

En su debut como director, Eugenio Zanetti construye un cuento atravesado por el amor, la memoria y las segundas oportunidades. Sin embargo, el despliegue visual y las referencias históricas de "Amapola" terminan imponiéndose sobre una narración que tarda en encontrar su rumbo.

Crítica de "Amapola": un cuento de hadas de Eugenio Zanetti con François Arnaud
viernes 18 de septiembre de 2026

“Amapola (2014) debe ser entendida como un cuento”, sostuvo Eugenio Zanetti durante la promoción de su primera película como director. La definición encuentra sustento en un tratamiento visual que apela a lo onírico y construye escenarios y temporalidades por fuera de las convenciones realistas. Sin embargo, el film incurre en una serie de decisiones que contradicen esa propuesta y debilitan el universo que intenta sostener.

Amapola cuenta la historia de una joven del mismo nombre que vive junto con su familia de artistas en el Gran Hotel Amapola, situado en el Delta del Tigre. En 1952, ese palacio funciona como un territorio aislado, donde los conflictos sociales sobrevuelan —también de manera literal— la vida cotidiana. El centro del relato es la relación amorosa entre Amapola, interpretada por Camilla Belle, y Luke (François Arnaud), un extranjero que llega a la isla en 1966.

La narración da luego otro salto temporal y se traslada al oscuro —en más de un sentido— año 1982. Como ocurre en los cuentos de hadas, el destino todavía puede modificarse y habilitar una segunda oportunidad. Esa posibilidad organiza el componente fantástico de una película atravesada por los recuerdos, los deseos y la voluntad de corregir el pasado.

La fotografía de Ueli Steiger establece contrastes entre las distintas épocas. La luminosidad domina los momentos de felicidad familiar, cuando la alegría, más allá de alguna pena pasajera, circula entre los integrantes de este grupo bohemio. Los personajes representan Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, una obra que dialoga con los acontecimientos del film y anticipa algunos de sus mecanismos: el amor, el artificio y la transformación de la realidad.

La representación también aparece en otros componentes de la puesta en escena. Bocetos sobre las paredes, cuadros, coreografías y cuerpos en movimiento se suceden en el fondo de los planos para expresar las relaciones entre los personajes. La imagen no se limita a acompañar la acción, sino que intenta producir sentidos paralelos y convertir cada espacio en parte del relato.

Zanetti, ganador del Óscar a la mejor dirección de arte por Restauración (Restoration, 1995), demuestra su dominio en la construcción visual. Pero también incurre en un problema frecuente de las óperas primas: intenta abarcar demasiados elementos y termina perdiendo el control de la narración.

Las referencias históricas de la Argentina —la muerte de Eva Perón, el golpe de Estado que derrocó a Arturo Illia y la guerra de Malvinas— funcionan más como marcas visuales que como componentes dramáticos. Los acontecimientos sitúan las diferentes etapas del relato, pero no inciden de manera decisiva en los conflictos. Si la película se presenta como un cuento de hadas, cabe preguntarse qué aporta esa relación explícita con la realidad política del país.

Algo similar sucede con el desfile de intérpretes reconocibles y el despliegue escenográfico. Ambos recursos capturan la atención, pero no siempre contribuyen al desarrollo de la historia. Zanetti construye un universo de decorados, vestuarios y composiciones visuales donde evidencia su experiencia, aunque esa acumulación termina imponiéndose sobre los personajes.

Durante la primera parte aparecen distintas situaciones conflictivas, pero falta un problema central capaz de articularlas. Recién en la segunda mitad, cuando el componente fantástico se manifiesta por completo y surge una historia dentro de otra, aparece el punto de giro que conduce el argumento hacia el desenlace.

Amapola es una película despareja: una producción sostenida por el despliegue escenográfico, la composición de los planos y el trabajo sobre el color. Zanetti exhibe su capacidad para recrear decorados, diseñar vestuarios y construir imágenes con diferentes niveles de sentido. Sin embargo, la prioridad concedida a la puesta en escena deja en segundo plano aquello que sostiene toda fábula: la necesidad de contar una historia.

4.0
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