Se estrena el 26 de septiembre en el Cine Gaumont
La Kalo protagoniza “Soy ella”: “Mi techo no existe y parte de ser yo misma es romperlo”
Hay vidas que no saben que están siendo filmadas. Siguen su curso mientras una cámara aprende a esperarlas. Así nació Soy ella, el documental de Cecilia Pinotti protagonizado por Milena Kalo Navun, conocida como La Kalo, artista, actriz, performer y mujer trans del conurbano bonaerense. La película se estrena el 26 de septiembre en el Cine Gaumont y acompaña durante varios años una vida atravesada por el arte, los vínculos y la búsqueda de una identidad propia.
Sobre el escenario, La Kalo no pasa inadvertida: supera los dos metros de altura y camina sobre plataformas de 20 centímetros. Las pelucas, los cuernos y los ojos tatuados completan una estética que parece salida de otro planeta y que ella construyó como parte de su universo drag. Milena para los amigos, La Kalo para el mundo, encontró en ese personaje una forma de expresión que también acompañó su propia transformación. La cámara de Pinotti la sigue en esa dimensión, pero también cuando el personaje queda a un lado y aparecen la mujer, su familia, sus amigos, sus contradicciones y los lugares que forman parte de su historia.
General Rodríguez, el conurbano bonaerense y una familia de clase media baja completan el paisaje de Soy ella, una película que mira a La Kalo mientras cambia y vuelve a preguntarse quién quiere ser.
¿Cómo viviste un rodaje que se extendió durante varios años?
Yo lo viví desde otro lugar. Mientras se hacía la película, mi prioridad era vivir y después compartir con Cecilia aquello que me parecía importante para filmar. Yo le comentaba determinadas situaciones y decidíamos registrarlas. Esa forma de trabajo hizo que nada se sintiera forzado. Yo nunca pensé durante esos años que estaba haciendo una película. Sentía que estaba viviendo mi vida y que justo había una cámara que registraba eso.
¿Qué te pasó cuando viste todo ese material reunido?
Yo me veo desde el aprendizaje que trae el paso del tiempo. Me permití explorarme, cambiar y reinventarme. El contexto también me exige esa capacidad porque las herramientas que antes me servían ya no me sirven ahora. Siempre estuve atenta para reconocer esos cambios. y tomar decisiones. Hoy también me veo como una persona que se permite ser humana en todos sus aspectos, con contradicciones, relaciones, amor, odio y risa.
¿Qué descubriste de vos al verte en la pantalla?
Yo sentí que estaba viendo a una persona que intenta ser persona en todos los aspectos. La película me permitió reconocer ese recorrido. Yo no veo una versión perfecta de mí misma, sino alguien que atravesó distintas situaciones y que pudo modificarse con ellas.
¿Qué lugar ocupa la identidad trans dentro de la película?
Yo creo que la identidad es una cuestión universal y que la búsqueda también lo es. La película habla de una identidad trans porque esa es mi experiencia, pero también habla de la posibilidad que tenemos todos de explorarnos, cambiar y permitirnos otras formas de ser. Las relaciones humanas que surgen alrededor de esos procesos también forman parte de la historia.
¿Sentís que el cine argentino todavía necesita más historias como esta?
Yo creo que las personas trans fuimos muy expuestas durante muchos años, aunque quizás no tanto desde el cine. Esta película no pretende generalizar sobre las personas trans. La película me pone a mí en foco para que cada persona pueda ponerse en foco a sí misma. Yo nunca vi una película como esta, con una exposición tan íntima de una transición, y eso también forma parte de lo que tiene para contar.
El conurbano tiene mucho peso en la película. ¿Sentís que también funciona como una forma de representación territorial?
Sí, totalmente. Yo creo que la gente del conurbano se va a sentir interpelada. Cuando fuimos a General Rodríguez y la gente veía las escenas de ese lugar, personas heterosexuales y de distintas realidades se emocionaban porque también se trata de verse representados. En un país donde muchas cosas parecen concentrarse en Capital Federal, mostrar otros territorios también tiene valor; las mejores historias suceden en las periferias.
¿Cómo fue el vínculo con Cecilia Pinotti durante todo ese proceso?
Nosotras habíamos trabajado antes en un videoclip para un pianista, donde yo hice estilismo y actué. La película fue otra experiencia. Cecilia tuvo mucha apertura para entender mi sensibilidad y mis contradicciones. Yo también marqué qué cosas quería compartir y cuáles no. Habilité mi círculo y mi intimidad, pero siempre tuve claro qué quería y qué no quería mostrar.
Para vos fue natural la cámara, ¿y para tus vínculos?
Mis amigos lo tomaron muy bien porque ya me conocen y saben que yo puedo aparecer con ideas bastante particulares. Ellos siempre me acompañan y me apoyan. Con mi familia fue más complicado porque no son personas acostumbradas a exponerse en redes ni en espacios relacionados con la televisión, el cine o el arte. Para ellos fue difícil, pero confiaron en Cecilia y en mí.
¿Tu familia pudo ver la película?
Sí, mi mamá la vio y le gustó. Ella tiene una presencia importante dentro de la película. Creo que también les sirve ver este tipo de historias porque les permite pensar y reflexionar sobre determinadas situaciones. La película muestra además a una familia del conurbano y de clase media baja, con una cultura muy arraigada y con experiencias vinculadas al acceso desigual a determinadas políticas sociales.
¿Cómo atravesás tu actualidad?
Se siente difícil. Yo no creo que estemos mejor, sino que estamos visiblemente peor. Pero también siento que la película suma a una resistencia. Pueden corrernos o demonizarnos, pero hay algo que sucede dentro de la sociedad. Hay familias que se cuestionan, familias que aceptan y familias que asumen responsabilidades.
¿Dónde ves esa resistencia en la vida cotidiana?
Yo tuve situaciones en viajes en Uber, en colectivos o en conversaciones con personas que no conocía. Una vez, un quiosquero me dijo que estaba todo bien con la gente trans y que no quería que nos mataran. Esas conversaciones muestran que existe algo que un retroceso cultural no puede borrar. Eso costó cuerpo, sangre, sudor y trabajo.
¿Qué recuerdo particular te quedó del último día de rodaje?
El último día fue una parte más retrospectiva, donde yo cuento mi historia frente a la cámara. Me costó porque de repente me vi con todo lo que había vivido y pensé: “Qué chica tan cansada, por favor, denle un descanso”. Fue extraño recordar mi vida como si tuviera 60 años cuando todavía soy una pendeja.
¿Sentiste que habías vivido demasiado para tu edad?
Sí. Yo tengo una mentalidad bastante de señora y me considero una persona más grande de lo que soy. Pero en ese momento pensé: “Parezco una vieja y no soy una vieja”. Sentí que había vivido muchísimo y al mismo tiempo entendí que eso no significa que mi vida esté cerca del final. Todo lo que viene todavía está por delante.
¿Qué proyectos tenés por delante?
Estoy trabajando en un EP que espero sacar a fines de octubre o principios de noviembre. También preparo videoclips para esta carrera musical y trabajo en una obra de teatro que quiero estrenar más adelante. En el arte viene todo y yo estoy muy abierta a que suceda.