2026-09-17

Paseo La Plaza

Crítica de “Dribbling”: fútbol, abuso y un negocio en el que la verdad vale millones

Javi Almeida es una estrella del fútbol que juega en un equipo francés. Su carrera cambia cuando recibe una denuncia por abuso. A partir de ese momento, el partido deja de disputarse dentro del estadio: la investigación judicial, los medios y los intereses económicos comienzan a intervenir sobre una acusación que puede destruir su vida.

Ese es el conflicto de Dribbling, la obra escrita y dirigida por Ignasi Vidal, con Carlos Portaluppi y Franco Masini como protagonistas. La pieza adopta la estructura de un thriller para mostrar qué sucede cuando una denuncia ingresa en un sistema preparado para controlar daños y proteger inversiones.

La obra no se limita a establecer la culpabilidad o inocencia del futbolista. Su atención está puesta en los mecanismos que se activan alrededor del caso. Mientras la Justicia intenta determinar qué ocurrió, la opinión pública construye una sentencia a partir de versiones incompletas, filtraciones e interpretaciones.

Javi descubre entonces que ya no controla su propia historia. Cada palabra puede funcionar como defensa, confesión o prueba, y cualquier decisión amenaza los contratos y compromisos comerciales que sostienen su carrera. Frente a él aparece un hombre que conoce las reglas de ese sistema y entiende que la crisis también debe resolverse fuera de los tribunales. El diálogo entre ambos se convierte en una negociación sobre qué conviene preservar: la persona, su imagen o el negocio.

La puesta en escena traslada esa disputa al espacio. Un muro de césped atravesado por las líneas de una cancha ocupa el fondo, mientras un escritorio se instala en el centro. El fútbol y la oficina conviven en una misma imagen: detrás del espectáculo existe una estructura que calcula riesgos y organiza discursos.

Esa distribución también define a los personajes. Carlos Portaluppi construye su actuación desde el dominio de la palabra, las pausas y la observación. Su personaje comprende antes que Javi el alcance de la denuncia y ejerce autoridad sin necesidad de elevar la voz.

Franco Masini, en cambio, trabaja desde el movimiento y la inestabilidad. Javi recorre el escenario, ocupa los márgenes y busca un lugar dentro de una situación que lo supera. Su cuerpo expresa miedo, resistencia y desconcierto, incluso cuando intenta sostener otra posición mediante las palabras.

El contraste entre ambos actores sostiene la tensión. Portaluppi administra la información; Masini reacciona ante cada dato que modifica el conflicto. Entre ellos se establece una relación en la que nunca resulta sencillo distinguir la voluntad de ayudar de la necesidad de contener las consecuencias.

A través de ese enfrentamiento, Dribbling aborda la fama, la salud mental y la presunción de inocencia, pero también examina la dimensión económica del fútbol profesional. Javi no es visto únicamente como una persona acusada: también representa un activo del que dependen clubes, marcas y representantes.

El texto pierde parte de su ambigüedad cuando explica de manera directa algunos dilemas que la puesta en escena y las actuaciones ya habían planteado. En esos momentos, los personajes parecen formular la tesis de la obra en lugar de actuar desde sus contradicciones. Sin embargo, Portaluppi y Masini recuperan el pulso del relato mediante un duelo que mantiene abierta la incertidumbre.

Dribbling convierte una denuncia en una batalla entre la justicia, la reputación y el dinero. Un thriller que sostiene la tensión, interpela al espectador y obliga a preguntarse quién controla la verdad cuando hay millones en juego.

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