2026-09-09

Teatro Liceo

Crítica de “La Ratonera”: un clásico que todavía sabe tender su trampa

Para actualizar un clásico no siempre hace falta transformarlo. En esta versión de La Ratonera, Manuel González Gil confía en la estructura concebida por Agatha Christie y trabaja sobre su capacidad para interpelar al público actual.

Con más de siete décadas de historia, la obra se apoya en una fórmula que define buena parte de la narrativa de Christie: un grupo de desconocidos permanece aislado, cada personaje oculta información y un crimen obliga a revisar conductas que hasta entonces parecían intrascendentes. En ese universo, cualquiera puede ser culpable y cada objeto, frase o silencio puede convertirse en una pista.

La acción transcurre en el hostal Monkswell, donde una pareja recibe a sus primeros huéspedes en medio de una nevada. La noticia de un asesinato ocurrido en Londres altera la convivencia. Poco después, la llegada de un sargento revela una posible relación entre ese crimen y las personas reunidas en la casa. El aislamiento deja entonces de ser una circunstancia climática para convertirse en una trampa.

La puesta conserva los códigos del policial inglés. La madera, los ventanales, los muebles y las puertas componen una casa de campo en la que cada entrada y cada salida pueden esconder información. El espacio no funciona como un fondo decorativo, sino como parte del misterio: allí circulan las sospechas y se modifica la percepción de los personajes.

La dimensión moderna aparece en el ritmo y en el tono de las interpretaciones. González Gil evita que el espectáculo quede limitado a una reconstrucción de época. El movimiento del elenco, la iluminación y la música de Martín Bianchedi sostienen la tensión, mientras el humor interrumpe la solemnidad y acerca el relato al presente. En algunos pasajes, sin embargo, ese recurso demora el desarrollo del suspenso.

El elenco está integrado por Carlos Belloso, Ludovico Di Santo, Romina Gaetani, Andrés Gil, Walter Quiroz, Carlos Santamaría y Malena Solda, con la participación especial de Betiana Blum. El trabajo colectivo resulta decisivo: cada intérprete debe despertar sospechas sin anticipar la resolución y construir un personaje que pueda ser leído de otra manera una vez revelada la verdad.

Dentro del conjunto se destacan Romina Gaetani y Walter Quiroz. Gaetani construye la tensión desde las pausas y aquello que su personaje intenta contener. Quiroz administra la ambigüedad sin abandonar la lógica de la intriga. Ambos comprenden que, en el universo de Christie, actuar también implica saber cuánto mostrar y cuánto reservar.

Esta versión de La Ratonera no pretende desmontar la obra de Christie. Su apuesta consiste en conservar las reglas del juego y renovar la energía con la que se presentan. González Gil encuentra un punto de contacto entre tradición y presente, aunque su respeto por el original también limita el margen de riesgo.

La obra funciona porque su maquinaria permanece activa. Uno puede creer que conoce sus trucos, pero termina observando cada puerta, cada pausa y cada mirada. Allí reside su eficacia: no solo importa descubrir al asesino, sino advertir cómo la sospecha convierte a todos en posibles culpables.

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