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Crítica de "Fragmentos": Bret Easton Ellis regresa a los años 80 entre crímenes, sexo y adolescencia
Esta miniserie de diez capítulos transpone la novela Los destrozos (Penguin Random House) de Bret Easton Ellis, celebridad literaria estadounidense que aquí también oficia de co-guionista. Se trata de un ejercicio de autoficción que compendia sexo, muerte, deseo, y lujo, temáticas recurrentes en sus obras.
Muchos recordarán la celebrada transposición de Psicópata americano (2000) que filmó la realizadora Mary Harron y que lanzó al estrellato a Chritian Bale; película que no solo funciona muy bien como film de época (los ’80, en todo su esplendor y locura), sino también como un minucioso estudio de la mente de un asesino en serie. Con Fragmentos (The Shards, 2026), hay un retorno a esa época, pero ya no desde el urbanismo decadente que amasaba la juventud y moral de Donald Trump, sino desde la óptica juvenil del último año en una escuela secundaria de Los Ángeles. En ese ámbito se mueve Bret Easton Ellis (el personaje), en modo escritor work in progress (en algún momento habla de lo que, sabemos, fue su carta de presentación: Menos que cero). Sí, ya se podrá advertir que estamos frente a un ejercicio de autoficción, operación mediante la cual un creador proyecta un universo ficcional a partir de su propia biografía.
Es, entonces, el final de la adolescencia el momento crucial que retrata esta serie, antes de que Ellis -un poco a la manera de Truman Capote o Gore Vidal- se transformara en toda una figura cultural, con mucho estilo, pero también mucha pose. Quienes hayan leído los citados libros, pero también Las leyes de la atracción, Glamourama o Lunar Park, saben que es capaz de narrar con prosa meticulosa tanto los peores actos de violencia como la fragancia de un perfume, todo en la misma página.
Luego de ver los primeros cinco episodios ofrecidos a la prensa (son diez en total), queda claro que estamos frente a una “asociación”, en la que se amalgaman el imaginario propio del autor con la factoría de Ryan Murphy (co-creador junto a Ellis de la serie, además de director de algunos capítulos), todo un sello de fábrica en el que convive desde la efervescencia pop de Glee hasta la truculencia de la saga American Horror Story.
En el pasaje de libro a serie, la columna vertebral de la historia está respetada; Bret (Igby Rigney) cursa el último año de la escuela sin su familia (sus padres están de viaje), mientras imagina su futuro como escritor y comparte tiempo con su blonda novia Debbie (Hayes Warner) y sus amigos Susan (Kaia Gerber) y Thom Wright (Graham Campbell). Al mismo tiempo, encuentra en Matt Kelner (Owen Painter), el “fumón del grupo”, a su compañero futuro para los placeres amatorios (Bret es bisexual, pero decide mantenerlo en secreto).
Entre fiestas en mansiones lujosas, sexo y drogas (muchas drogas) transcurren sus días, hasta que la aparición de un nuevo estudiante al que creyó ver en un cine, un año antes (durante la exhibición de El resplandor), pone a todo su universo al revés. La sucesión de crímenes cada vez más aberrantes de otros jóvenes (y sus mascotas) lo llevarán directamente a Mallory (Homer Gere, el más sólido del elenco), con el que tiene cierta fascinación que mixtura miedo, repulsión, y algo de tensión sexual, aunque al comienzo nadie crea que detrás de las muertes esté el recién llegado. Solo Bret parece encontrar en él al principal sospechoso. Por otra parte, también hay adultos que interactúan con Bret, y que parecen ser la versión adulta y deforme de sus amigos: ambiciosos, perversos, carentes de empatía y, por supuesto, muy adinerados.
Para quienes ya conocían el “universo Ellis”, la serie está debajo de las expectativas en términos de truculencia; si se respetara esa impronta, claramente el showrunner no podría ser Murphy y la serie no podría formar parte del catálogo de Disney+. Pero, las cosas son como son, y lo que se ha visto en estas primeras entregas es un delicado equilibrio entre la esfera literaria y la televisiva, con resultados positivos y con la idea de que se va de menos a más (el quinto episodio, el más extenso, ya ofrece un perfil un poco menos maniqueo de los personajes y una dosificación del suspenso más interesante). En el medio, hay una destacada banda sonora ochentosa, con una gran variedad de hitazos inoxidables (desde Blondie hasta Depeche Mode), que le agregan puntos a estos Fragmentos cuyo capítulo final llegará recién el 30 de septiembre.