HBO Max
Crítica de "Christy": La boxeadora que le ganó a la vida a base de golpes
Dirigida por el australiano David Michôd y protagonizada por Sydney Sweeney, Christy (2025) es una biopic sobre la primera gran boxeadora femenina, Christy Martin, cuya historia, por sí sola, ya parecía hecha para la gran pantalla. A pesar de su rotundo fracaso en taquilla, es una película atractiva para quienes disfrutan del deporte y de las buenas historias. En un principio, podía generar dudas quién interpretaba a su protagonista: Sydney Sweeney. Un papel tan denso y oscuro parecía no encajar con la imagen que se tenía de la actriz, pero la elección termina demostrando ser acertada.
El fracaso en taquilla es, en este caso, una simple hipótesis personal. Quizás se deba a que la historia no es demasiado conocida fuera de los Estados Unidos, un caso similar al que ocurrió ese mismo año con La máquina (The Smashing Machine, 2025). Tal vez lo que, en un principio, parece ser simplemente la historia de una boxeadora no logró atraer al público que merece.
La película se divide en cuatro etapas —1989, 1996, 2010 y 2012— y comienza mostrando una cotidianeidad aparentemente normal. Allí aparece el amor entre Christy y Rosie, su primer gran amor, una relación que es cortada de raíz por la familia de la protagonista. Es una primera demostración de cómo los demás tomarían decisiones a su alrededor sin que su propia voz tuviera el peso suficiente.
A lo largo de la película aparecen pequeños gestos de violencia por parte de Jim, su esposo y entrenador, que pasan desapercibidos para quienes acompañan a Christy en ese camino. Muchas veces se cree que la violencia necesariamente tiene que ser física, pero la película demuestra que la violencia psicológica también puede ser profundamente dañina.
En la escena en la que finalmente se produce la ruptura entre Christy y Jim, David Michôd toma una decisión que potencia el momento: deja planos un poco más largos y silencios que parecen eternos. Con esos recursos consigue introducirnos de lleno en la atmósfera que se vive dentro de esa habitación, en medio de una verdadera pelea emocional.
Lo más destacable es la actuación de Sydney Sweeney, quien se aleja de la imagen que habíamos visto de ella en Euphoria o La empleada (The Housemaid, 2025). Aquí resulta notable el trabajo que realiza, tanto desde la caracterización como desde lo físico. La actriz aumentó 14 kilos de masa muscular y dejó de lado su habitual cabello rubio y largo para lucirlo corto, enrulado y morocho, transformándose por completo en Christy Martin.
Ben Foster, quien interpreta a Jim, también se lleva todas las miradas por su gran composición de un marido manipulador, abusivo y desalmado, cuyo único objetivo parece ser facturar a costa de la sangre y el esfuerzo de su esposa. Desde el primer encuentro, cuando Christy entra al gimnasio y él le responde de manera violenta, aparecen los primeros indicios de aquello que esconde detrás de sus lentes. Pura malicia que se manifiesta en sus ataques de ira contra su esposa y en su capacidad para calmarse casi de manera instantánea y continuar como si nada hubiera ocurrido.
Christy deja al descubierto la ignorancia de una época en la que ni siquiera la propia familia pudo ayudar a la protagonista cuando pedía auxilio. También expone las diferencias económicas entre el boxeo masculino y femenino y, sobre todo, muestra con qué naturalidad una persona puede atravesar situaciones de violencia doméstica sin que quienes la rodean sean capaces de advertirlo o intervenir.
Porque el éxito no garantiza nada. En la mayoría de los casos, apenas puede ofrecer cierta estabilidad económica. La verdadera pelea de Christy Martin, sin embargo, siempre estuvo lejos del ring.