Gaumont
Crítica de "Las escaleras de Luli": cuando una comunidad encuentra en el cine su propia forma de narrarse
Hay películas que se juzgan por la precisión de su puesta en escena o por la solidez de su relato. Las escaleras de Luli (2025) invita a desplazar ese criterio. Realizada por más de doscientas personas entre estudiantes, docentes y familias de comunidades educativas de Córdoba, la ópera prima de Cristian Salas encuentra su principal fortaleza en un proceso creativo donde la experiencia colectiva forma parte de la obra tanto como el resultado. Esa condición no funciona como una excusa frente a sus limitaciones, sino como el punto de partida desde el cual decide construir su lenguaje.
La historia sigue a Luli, una niña que, en medio de una situación cotidiana, emprende un recorrido donde la realidad comienza a desdibujarse. Los recuerdos, los sueños y la imaginación se entrelazan hasta borrar los límites entre unos y otros. Salas evita explicaciones y deja que el relato avance siguiendo la percepción de su protagonista, más cercana a la asociación de imágenes que a una progresión dramática convencional.
Esa elección también define la forma de la película. Su carácter artesanal aparece tanto en la puesta en escena como en la narración. Hay pasajes donde la atmósfera prevalece sobre la acción y otros donde el ritmo se vuelve irregular. Sin embargo, esas decisiones dialogan con el origen mismo del proyecto, que privilegia la construcción colectiva antes que la búsqueda de una perfección formal.
Los paisajes cordobeses acompañan ese recorrido sin limitarse a ilustrarlo. Bosques, caminos y sierras adquieren una presencia que prolonga el estado emocional de Luli y sostienen una película interesada en sugerir más que en explicar. La memoria, la salud mental y los vínculos familiares aparecen como capas de una misma experiencia, nunca como temas aislados ni como consignas.
Más que por la solidez de cada una de sus resoluciones narrativas, Las escaleras de Luli encuentra su singularidad en demostrar que una comunidad también puede producir una obra con identidad cinematográfica. Allí reside su mayor aporte: recordar que el cine puede ser, además de un resultado artístico, una práctica compartida capaz de transformar un proceso educativo en una experiencia de creación.