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Crítica de “Boda sangrienta 2: entre el humor negro y la fórmula repetida
Boda sangrienta 2 (Ready or Not: Here I Come, 2026) sigue al pie de la letra la lógica de muchas secuelas clásicas: duplicar los elementos efectivos de su antecesora. Aquí ya no hay una sola víctima, sino dos; y con ellas, una dosis doble de sangre, mutilaciones y exceso gore.
La historia, dirigida nuevamente por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, con guion de Guy Busick y R. Christopher Murphy, retoma la acción inmediatamente después del final del primer film. Grace (Weaving) aparece ensangrentada, logrando escapar —a duras penas— de la mansión de la familia Le Domas. Pero su alivio dura poco: en el hospital se reencuentra con su hermana Faith (Kathryn Newton), con quien mantiene una relación tensa, y ambas terminan nuevamente atrapadas por las Cuatro Familia que reactivan el “juego” por el Alto Cargo del Consejo Superior que controla al mundo.
Si algo distinguía a la película original de 2019 era su humor negro, y en esta continuación también intenta sostenerse como columna vertebral, aunque con resultados más irregulares. En ese tono aparece incluso un moribundo David Cronenberg, referente del body horror por títulos como La mosca (The Fly, 1986) y Crímenes del futuro (Crimes of the future, 2022), aquí convertido en patriarca de la familia, en un guiño tan extravagante como discutible.
En paralelo, el conflicto se reorganiza alrededor de una lógica casi empresarial: la “gerencia” del caos convierte la cacería en un sistema de competencia donde la violencia también es negocio. En ese universo reaparece Elijah Wood como el abogado, cada vez más cómodo en el registro de la comedia de terror (tras su paso por El vengador tóxico), mientras el elenco intenta sostener el tono entre lo grotesco y lo autoparódico.
Sin embargo, lo que esta secuela no logra recuperar es el factor sorpresa ni la irreverencia que hacían funcionar a la primera parte. El relato se vuelve previsible, y aunque el ingenio sobrevive en algunos estallidos de humor negro y muertes creativas, el conjunto se apoya demasiado en la repetición de una fórmula ya conocida.
Boda sangrienta 2 cumple como continuación, amplía el caos y eleva el nivel de sangre, pero pierde parte de la frescura que convertía a la original en un juego mucho más impredecible.