2026-05-26

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Crítica de “Normal”: Bob Odenkirk y un pueblo chico con infierno yakuza

En Normal (2025), Bob Odenkirk —que además participa como productor y coguionista— intenta recuperar el pulso de la acción seca y desencantada de Nadie (Nobody, 2021). Y aunque la película encuentra varios momentos inspirados, nunca termina de alcanzar la precisión narrativa ni el timing quirúrgico que convertían a aquella en una pequeña joya del género.

Odenkirk interpreta a Ulises, un sheriff forastero que llega a un remoto pueblo nevado para ocupar de manera interina el puesto vacante tras la muerte del antiguo comisario. Lo que parece un destino tranquilo rápidamente se transforma en un polvorín: una enorme suma de dinero vinculada a la yakuza aparece en escena y los habitantes del lugar, lejos de escandalizarse, deciden esconderla a cambio de una tajada del negocio. Ulises queda entonces atrapado entre dos fuerzas igual de peligrosas: la mafia japonesa que reclama su dinero y una comunidad entera dispuesta a defender su nueva fuente de ingresos a cualquier costo.

Escrita por el propio Odenkirk junto a Derek Kolstad —guionista de John Wick y Nadie— y dirigida por Ben Wheatley (Megalodón 2), Normal apuesta primero por construir atmósfera antes que por lanzarse de lleno a la acción. Durante buena parte del inicio, la película se dedica a presentar la dinámica del pueblo, sus personajes excéntricos y esa falsa sensación de calma típica de los westerns fronterizos. Pero una vez que la violencia irrumpe, lo hace con peleas coreografiadas, explosiones y una cadena de muertes tan grotescas como absurdamente cómicas.

Ahí es donde la película encuentra su mejor versión. Las muertes accidentales, el humor negrísimo y la capacidad de Odenkirk para sostener personajes agotados, irónicos y violentos funcionan muy bien. Su presencia vuelve creíble tanto el cansancio físico como el desconcierto moral de Ulises, un hombre que parece demasiado viejo para seguir sobreviviendo a semejante nivel de destrucción. En varios pasajes, Normal recuerda a la serie de HBO Barry: esa mezcla incómoda entre violencia extrema, humor absurdo y personajes marginales atrapados en situaciones delirantes. Incluso la participación de Henry Winkler refuerza inevitablemente esa asociación.

Sin embargo, la película también queda atrapada en esa comparación. A diferencia de Barry, donde el absurdo convivía con una exploración mucho más profunda de la culpa y la identidad, aquí muchos personajes funcionan apenas como caricaturas al servicio del caos. Y frente a Nadie, el problema es todavía más evidente: aquella película tenía una progresión dramática mucho más sólida y sabía dosificar mejor la escalada de violencia. Normal, en cambio, parece confiar demasiado en la acumulación de escenas extravagantes y pierde fuerza cada vez que intenta sostener su historia entre set pieces.

Eso no significa que el resultado sea fallido. Al contrario: dentro de un panorama saturado de thrillers de acción intercambiables, Normal al menos intenta construir una identidad propia mezclando códigos del western clásico con comedia negra y violencia gore. El resultado es irregular, desparejo y por momentos excesivo, pero también lo suficientemente extraño y entretenido como para destacar por encima de la media. No tiene la elegancia ni la contundencia de Nadie, aunque sí conserva algo de ese espíritu: el placer de ver a Bob Odenkirk convertido, una vez más, en un héroe improbable atrapado en un infierno ridículo y sanguinario.

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