BAFICI - Premiere argentina
Crítica de “Hen”: La odisea de una gallina en un mundo inhumano
Hace algunos años, el maestro polaco Jerzy Skolimowski estrenaba EO (2022), donde un burro, en su recorrido, observaba con agudeza el comportamiento humano. Ahora es el turno de Hen (2025), que propone un gesto similar: narrar desde el punto de vista de otro animal de granja, desplazando la mirada hacia lo no humano.
Pero, al igual que la película de Skolimowski —a su vez inspirada en Al azar Baltazar (Au hasard Balthazar, 1966) de Robert Bresson—, Hen se aleja por completo de cualquier tono familiar a lo Babe, el chanchito valiente (Babe, 1995). No hay aquí fábula amable ni moraleja reconfortante, sino un relato áspero, incluso incómodo, sobre la supervivencia y la explotación.
El plano de apertura lo deja en claro: un primerísimo plano del ano de una gallina que, en un gesto casi violento, da a luz un huevo. Ese inicio no solo marca el nacimiento de la protagonista, sino también su ingreso inmediato a una lógica productiva donde el animal es reducido a engranaje.
La gallina logra escapar de esa “fábrica de huevos” debido a su plumaje negro, que la vuelve descartable dentro del sistema. Destinada a convertirse en alimento, vuelve a huir y termina en una granja rural donde, lejos de encontrar refugio, se enfrenta a una forma aún más brutal de explotación, atravesada por un trasfondo de trata de personas. Desde ese punto de vista animal —frágil, desorientado—, el film construye una experiencia sensorial que acentúa la vulnerabilidad en un mundo regido por la miseria humana.
Dirigida y escrita por el húngaro György Pálfi, la película suma además una dosis inesperada de humor negro, sutil pero persistente. Ese tono irónico funciona como contrapeso de la crudeza, permitiendo que las desventuras de la protagonista adquieran una dimensión casi absurda, donde el destino parece ensañarse una y otra vez.
Por todo esto, Hen puede leerse tanto como un periplo excesivo sobre las desventuras del animal menos carismático del planeta, como una lúcida metáfora sobre la supervivencia y la violencia estructural. La interpretación, en definitiva, queda abierta a cada espectador.