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Crítica de "In the sentimental lugo": Un viaje inclasificable de Lucía Seles
Hay películas que desde el primer minuto dejan en claro cuál es el camino que van a tomar. Y después están las de Lucía Seles, que parecen moverse en otro idioma, en otra frecuencia y casi en otra dimensión del cine argentino. In the sentimental lugo (2026) parte de una premisa sencilla: un gallego radicado en La Plata regresa a Lugo con su hija después de 27 años. Pero reducirla a esa sinopsis sería quedarse apenas en la superficie de una película que, como buena parte de la obra de Seles, no parece interesada en avanzar por una línea narrativa convencional, sino en construir un universo de desvíos, repeticiones, rarezas y vínculos atravesados por una lógica completamente propia.
Para quienes no estén familiarizados con la filmografía de Seles, el primer contacto puede resultar directamente desconcertante. Su cine trabaja con diálogos que parecen naturales y artificiales al mismo tiempo, con personajes que se relacionan desde lugares excéntricos, con situaciones que pueden arrancar en una presentación de un libro, una conversación familiar o un encuentro aparentemente cotidiano, pero que rápidamente se corren hacia zonas más absurdas, psicóticas o surrealistas. Hay algo en su manera de filmar que parece discutir con la idea de “normalidad”: nadie habla del todo como se espera, nadie reacciona exactamente como debería y nada termina de acomodarse en un registro reconocible.
In the sentimental lugo vuelve sobre varios de los tópicos que atraviesan su obra: la forma en que las personas intentan vincularse, la torpeza emocional, la insistencia de ciertos gestos, la incomodidad de los encuentros y esa extraña mezcla entre ternura, desborde y desconcierto. Seles viene construyendo desde películas como Smog en tu corazón, Saturdays Disorders, Weak Rangers, Terminal Young, Fire Supply o School privada Alfonsina Storni un territorio personalísimo, difícil de clasificar, donde lo sentimental nunca aparece limpio ni ordenado, sino contaminado por el ruido, la repetición, la rareza y lo cotidiano.
La película tiene momentos en los que esa apuesta funciona con mucha fuerza. Cuando logra que el espectador entre en su código, el viaje a Lugo deja de ser solamente un regreso geográfico y se transforma en una especie de desplazamiento emocional, un recorrido por memorias, vínculos familiares, palabras que se repiten y situaciones que parecen tener una lógica secreta. Seles nos brinda la posibilidad de mirar lo cotidiano como algo extraño, casi inexplicable, pero también profundamente humano.
El problema es que esa misma singularidad también puede volverse un límite. Con sus 142 minutos, In the sentimental lugo empieza a sentir el peso de su propia estructura. La repetición, que en varios pasajes funciona como mecanismo expresivo, en otros termina volviéndose redundante. Los diálogos, construidos desde una naturalidad muy particular, por momentos pierden filo y se vuelven demasiado extensos, como si la película confiara tanto en su propio tono que dejara de medir el efecto que produce del otro lado. Para el espectador que se acerca por primera vez al mundo Seles, esa experiencia puede sentirse muy pesada.
Su carácter inclasificable es, al mismo tiempo, su mayor virtud y su mayor obstáculo. In the sentimental lugo no se puede explicar del todo, y quizás tampoco quiera ser explicada. Hay que entrar en su lógica, aceptar sus desbordes, sus diálogos raros, sus personajes al borde de lo excéntrico y esa forma de narrar que parece rechazar cualquier idea de prolijidad clásica. En esa libertad absoluta, la película se vuelve reiterativa y pierde parte de la lucidez que podría haber tenido con un recorrido más preciso.
Con esta impronta, Lucía Seles confirma que es una de las voces más particulares del cine argentino contemporáneo. In the sentimental lugo puede resultar extraña y difícil de abrazar, pero también tiene una identidad tan marcada que resulta imposible confundirla con otra cosa. Es una película que exige paciencia, disposición y cierta entrega al desconcierto. El cine de Seles existe en un territorio propio: sentimental, excéntrico, incómodo, repetitivo y, por eso mismo, con mucha identidad.