Miami International Film Festival 2026
Crítica de "Two Tears": el costo de aprender a sentir en escena
En Two Tears (2025), Josefina Pieres construye un relato que parte de un hallazgo concreto: Ginny y Deana, dos alumnas de ballet, descubren un libro que advierte sobre una supuesta maldición. Antes de su primera función de El cascanueces, deberán derramar dos lágrimas “genuinas” o su futuro como bailarinas quedará en riesgo. Desde ese punto, el corto no se orienta hacia el suspenso ni hacia la resolución del enigma, sino hacia las consecuencias de esa idea. Las niñas no saben qué significa llorar “de verdad”, y esa duda se convierte en el eje de la narración: cómo acceder a una emoción cuando esta aparece formulada como requisito.
A partir de esa premisa, las dos lágrimas adquieren un sentido que va más allá de lo literal. No son simplemente llanto, sino una forma de validación. Funcionan como prueba de autenticidad dentro de un entorno donde todo está entrenado: el cuerpo, la postura, el movimiento. En ese contexto, la emoción aparece como lo único que no puede ensayarse del todo. Sin embargo, la consigna del libro introduce una contradicción: obliga a sentir. Así, el corto instala una tensión entre lo que debería surgir de manera espontánea y lo que se impone como objetivo.
Esa tensión se traduce en la puesta en escena. Los encuadres cerrados y la reducción del espacio no sólo sitúan a las protagonistas en un entorno delimitado, sino que refuerzan la idea de observación constante. La cámara se detiene en los rostros, como si también buscara esas lágrimas que nunca terminan de llegar. En lugar de grandes acciones, aparecen gestos mínimos: una mirada que se sostiene, un silencio que se prolonga. La imagen acompaña el proceso sin intervenir, dejando que la espera construya el conflicto.
En ese marco, las actuaciones de las jóvenes intérpretes que encarnan a Ginny (Sofia Bela) y (Deana (Sydney Godstein) resultan claves: construyen desde la contención, evitando cualquier exceso, y sostienen la ambigüedad que propone el relato. La presencia de Miss Maia (Krystal Millie Valdes), la maestra, introduce otra dimensión, sugiriendo un recorrido previo donde esa misma relación con la emoción ya ha sido atravesada.
Two Tears propone una reflexión sobre la formación artística y sus exigencias. La “maldición” del libro no opera como un elemento sobrenatural en sí mismo, sino como metáfora de una presión concreta: la de demostrar una verdad interior incluso antes de comprenderla. Las dos lágrimas, entonces, no representan un final, sino una pregunta abierta. El corto no busca resolverla, sino exponerla en toda su complejidad.