2026-04-05

CC25 de Mayo

Crítica de "El Pozo": Rodolfo Carnevale y una mirada sobre el autismo desde la experiencia personal

El Pozo (2011) marca el debut en el largometraje de Rodolfo Carnevale, luego de su cortometraje Aporía. El film aborda el autismo y sus implicancias dentro del núcleo familiar, un tema poco frecuente en el cine argentino contemporáneo. La película se construye como un relato que parte de una experiencia directa del realizador, lo que le otorga un registro particular dentro de su abordaje narrativo.

La historia se centra en una familia compuesta por un matrimonio y sus dos hijos, cuya dinámica se ve modificada cuando descubren que la hija mayor presenta autismo severo. A partir de ese punto, la película observa las transformaciones internas del grupo familiar, exponiendo tensiones, reconfiguraciones vinculares y modos de convivencia atravesados por la enfermedad. Carnevale se adentra en un territorio complejo, donde el conflicto no se plantea como obstáculo externo sino como parte constitutiva de la vida cotidiana.

Desde lo narrativo, El Pozo se inscribe en una estructura clásica. Su desarrollo dramático remite a una tradición más cercana al cine de Alejandro Doria que al llamado Nuevo Cine Argentino, a pesar de la formación del director en la Universidad del Cine. El peso del relato recae en los diálogos, que encuentran sustento en las interpretaciones del elenco.

Las actuaciones constituyen uno de los ejes del film. Patricia Palmer y Eduardo Blanco construyen a los padres desde una lógica de resistencia cotidiana frente a una situación que altera sus rutinas y expectativas. En ese marco, Ana Fontán asume el rol de la joven con autismo, desarrollando una composición que organiza buena parte de la intensidad dramática del relato. A su alrededor, Túpac Larriera aporta al entramado familiar que sostiene la progresión narrativa.

El film evita construir su relato desde el recurso del golpe emocional directo. Sin embargo, el propio tema introduce una carga que interpela al espectador. Carnevale opta por una exposición que no recurre a filtros, lo que puede generar incomodidad en determinados momentos. Esa decisión se vincula con el origen del proyecto: la experiencia personal del director condiciona la forma en que los hechos son representados. En ese sentido, la película se posiciona como un testimonio antes que como una interpretación externa.

En contraste con abordajes previos como Rain Man, que instaló el tema del autismo en el cine desde una perspectiva más accesible para el gran público, El Pozo propone un desplazamiento hacia zonas menos transitadas. Carnevale se concentra en las dimensiones más complejas del cuadro, evitando simplificaciones y poniendo en circulación una mirada que busca tensionar prejuicios instalados alrededor del tema.

En esa operación, la película funciona tanto como relato cinematográfico como dispositivo de exposición: un intento de trasladar al lenguaje audiovisual una vivencia que, al hacerse pública, interroga al espectador sobre su propia percepción del autismo y sus efectos en la vida cotidiana.

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