Salas
Crítica de "Argentina Sangra": Andrés Cedrón y el río Paraná como disputa política
El nuevo trabajo de Andrés Cedrón, Argentina Sangra, por las barrancas del río Paraná (2026), se inscribe en una línea de cine que no observa desde la distancia sino que interviene en el presente político. En continuidad con Cuellos blancos, el caso Vicentín (2024), amplía el foco hacia una problemática estructural: la disputa por los recursos naturales y su administración. En este marco, el río Paraná deja de ser paisaje para convertirse en un espacio estratégico en tensión, donde confluyen historia reciente y coyuntura.
A más de tres décadas de su privatización de la hidrovía, el film vincula ese proceso con el escenario actual, marcado por la nueva licitación. A partir de allí, Cedrón construye un recorrido que articula testimonios de trabajadores, referentes sociales y especialistas, proyectando lo local hacia una lectura de alcance nacional. La profundización del río emerge como punto crítico, asociada a riesgos ambientales que el documental inscribe dentro de una lógica de transformación sostenida del territorio.
En términos narrativos, la película evita la acumulación dispersa de voces y organiza su material bajo una continuidad discursiva que conecta experiencias individuales con procesos económicos. El montaje privilegia la claridad expositiva y estructura la información de manera progresiva, estableciendo relaciones entre pobreza estructural, concentración económica y pérdida de control territorial. Este enfoque refuerza el carácter pedagógico del documental, aunque en ese mismo gesto reduce los márgenes de ambigüedad y orienta la lectura hacia una interpretación definida.
Esa misma lógica se traslada al plano visual, donde el contraste entre la escala del paisaje fluvial y las huellas de intervención humana funciona como evidencia. La cámara adopta un registro directo, sin búsqueda de estilización, priorizando la legibilidad de los espacios y su vínculo con las actividades productivas. De este modo, la imagen se integra al dispositivo argumentativo, reforzando su función probatoria.
En este entramado, Argentina Sangra se inscribe en la tradición del cine político argentino, con referencias que remiten a las experiencias de las décadas del sesenta y setenta. Sin embargo, esa herencia se reconfigura en un contexto donde la disputa ya no se expresa en los mismos términos, sino que se desplaza hacia los recursos, la logística y las cadenas de exportación. Más que abrir interrogantes, el documental construye una posición frente al modelo económico vigente y organiza sus recursos en función de esa toma de postura.
El resultado es una película que prioriza la claridad y la intervención, antes que la exploración formal, y que encuentra en esa decisión tanto su consistencia como sus límites.