Gaumont
Crítica de "Soy tu mensaje": Ricardo M. Jacobo y una religión inventada para organizar el control
En Soy tu mensaje (2025), Ricardo Mauricio Jacobo organiza el relato a partir de un gesto fundacional: Ana y Lucio (Inés Efron y Ezequiel Agustín Rodríguez) inventan una religión que anuncia la llegada de un mensajero y el fin de la era terrenal. Esa premisa no se limita a una creencia abstracta, sino que se traduce en la construcción de una comunidad dentro de un barrio privado donde cada práctica —rituales, rezos, trabajo en la huerta— queda regulada por esa lógica. El espacio, entonces, deja de funcionar como fondo para convertirse en un dispositivo que delimita, ordena y sostiene un sistema que se reproduce sin fricción externa.
En ese esquema cerrado, la llegada de Mara (Katia Szechtman) introduce un desvío que el film desarrolla sin rupturas abruptas. La búsqueda de su hermano opera como punto de ingreso, pero también como mecanismo de observación. A medida que se integra, la aparente armonía empieza a mostrar fisuras, no a través de grandes revelaciones, sino en la forma en que los vínculos y las prácticas evidencian una organización basada en la dependencia. El relato avanza, así, por desplazamientos mínimos que van reconfigurando la percepción de ese orden inicial.
Desde lo visual, esa lógica se traduce en una puesta en escena que privilegia la repetición y el encuadre contenido, con una cámara que observa más de lo que interviene. Las composiciones cerradas insisten en ubicar los cuerpos dentro del espacio como si estuvieran siempre inscriptos en un límite. A esto se suma el uso de luz natural, los tiempos prolongados y la reiteración de acciones, elementos que construyen una atmósfera donde lo cotidiano adquiere un carácter ritual. No hay subrayado, sino que la forma acompaña la idea de un sistema que se sostiene en la repetición.
Ese equilibrio se altera cuando Mara consume el polen de una flor psicoactiva y el film introduce un cambio de registro. La imagen se fragmenta, el montaje se vuelve más discontinuo y la percepción deja de ser estable. Las alucinaciones no funcionan solo como recurso expresivo, sino como acceso a una verdad que aparece desordenada: el origen de la comunidad, el vínculo entre Ana y Lucio y un asesinato que reconfigura el sentido del relato. Sin embargo, este pasaje hacia lo sensorial no termina de integrarse del todo con la progresión narrativa y produce una dispersión que debilita la tensión construida en la primera parte.
Lejos de ofrecer una resolución, Jacobo opta por exponer el funcionamiento del sistema. La revelación no desarma la comunidad, sino que evidencia su persistencia: lo que se sostiene no es la verdad de la creencia, sino su repetición. En ese desplazamiento, Soy tu mensaje propone una lectura donde la fe se configura como una estructura colectiva capaz de organizar la experiencia y regular los comportamientos, incluso cuando sus fundamentos han quedado en evidencia.