2026-03-02

Desde este miércoles en el CCC

Lucas Santa Ana conduce una historia audiovisual de amores y rupturas a través de cartas

¿Una relación que nace a partir de las apps y redes sociales? ¿Una ruptura amorosa mediante una perfo? ¿Un relato epistolar entre la comedia y el drama a lo largo del tiempo? Estos interrogantes, entre tantos otros, motorizan la trama de 300 cartas (2025), la nueva película dirigida por Lucas Santa Ana.

El film se proyecta en cines de México y, a su vez, este miércoles 4 de marzo, se estrena en el Centro Cultural de la Cooperación (CABA- Argentina), después de abrir la 2°edición del FIDiG (Festival Internacional de Cine sobre Diversidades y Género). En el marco del debut, el cineasta dialogó con EscribiendoCine.

En la era de la cultura digital y el boom de las redes sociales, de preguntas y respuestas inmediatas, el film vuelve a conectar con lo epistolar y sus singularidades. ¿En qué circunstancias surgió la idea de las cartas como medio de comunicación entre los protagonistas y, a su vez, motor del relato audiovisual?

Surge un poco por contraste. Como se ve en la película, Jero vive detrás de las redes sociales (Instagram, Grindr, TikTok), en ese mundo de 'falsa perfección' y expectativas editadas. Desde esa experiencia se conecta con Tom, quien en su huida le deja las cartas que rompen un poco con eso. Jero repiensa para sí mismo si volverá a publicar en las redes sobre su intimidad.

La idea de usar este medio nació también de una experiencia personal: una ruptura amorosa real donde alguien planeaba dejarme con una performance, distinta a la creada para la película. Aunque la idea era dolorosa, con el tiempo, me pareció divertida y quise usarla. Las cartas  como vehículo del doble relato en presente y pasado, me permitieron materializar el drama de la ruptura en un formato físico, tangible, que obliga a los personajes a salir de la inmediatez digital y enfrentar lo que realmente les pasa, más allá de la pantalla.

Si bien la película tiene distintos matices, prevalece la comedia romántica, un género en el que, en ciertas ocasiones, más allá del amor y la risa se evocan ciertos dramas de la cotidianeidad de los seres humanos, como ocurre en “300 cartas”. ¿Qué posibilidades te brindó, y al mismo tiempo qué desafíos te planteó, el género a la hora de contar esta historia? 

Más que elegir el género, lo que me interesa es navegar el drama y la comedia al mismo tiempo. Siento que en toda situación siempre hay más de una mirada posible, y el desafío que me planteó la película fue jugar en la delgada línea entre ellas.

La comedia me brindó la posibilidad de abordar temas que me interpelan socialmente, como el prejuicio y la discriminación dentro de las propias subculturas gays, algo que me sorprende ver tanto en redes como en la vida real. El desafío fue tomar ese dolor —el de una ruptura— y permitirnos reírnos sin quitarle profundidad, explorando nuevos caminos narrativos. En cierta forma yo llamo a esta película una comedia anti-romántica.

El largometraje ya ha iniciado su recorrido festivalero, incluso será el título de apertura de la 2ª edición de FIDiG Cine, ¿qué te representa integrar dicho espacio?

Integrar y abrir el FIDiG en este momento es un acto de resistencia necesario. Hoy más que nunca, frente a un contexto donde ciertos discursos de odio se sienten habilitados y atacan nuestra cultura y forma de vida, estos espacios son trincheras.

No es solo “mostrar una película”; es visibilizar realidades en un momento donde la violencia contra la comunidad LGTB —con casos terribles recientes hacia lesbianas, gays y personas trans— se vuelve peligrosamente frecuente. Estar en el festival representa poner sobre la mesa temas que son urgente visibilizar.

A modo de juego con la premisa del film, pero llevándolo a tu relación con la profesión. Si le tendrías que mandar 3 cartas a tu Lucas Santa Ana realizador audiovisual del futuro, ¿qué le dirías, principalmente, en cada una de ellas?

Carta 1: “No le tengas miedo al presupuesto acotado”. En '300 cartas', poner reglas claras (pocas locaciones, pocos personajes) fue lo que hizo que la imaginación volara con libertad. Los límites claros no restan, al contrario, potencian la creatividad narrativa.

Carta 2: “Buscá siempre la química”. La chispa que logramos entre Cristian y Gastón o en la co-escritura con Gustavo Cabaña fueron vitales para este proyecto. No olvides nunca: el cine no se hace solo; sin el aporte de colegas y amigos, estas historias no existirían.

Carta 3: “Buscá en lo que ves, aquello que te interpela.” Seguí inspirándote en el mundo que te rodea, en lo social y lo cultural. El cine existe para abordar esos temas difíciles o incómodos que sorprenden en la vida real. Ahí es donde nacen las historias que valen la pena contar.

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