2026-02-24

Prime Video

Crítica de “Harold y su crayón mágico”: La imaginación al poder con Zachary Levi

Zachary Levi protagoniza esta adaptación cinematográfica del clásico libro infantil publicado en 1955 por Crockett Johnson. Harold y su crayón mágico (Harold and the Purple Crayon, 2024) evoca aquellas producciones en las que la animación convive con actores de carne y hueso, apostando por un tono marcadamente infantil y una narrativa sencilla, pensada especialmente para los más pequeños. 

En esa línea, la historia nos presenta a Harold y a sus inseparables amigos —un alce y un puercoespín— dentro de su universo de tinta y papel, donde todo lo que dibuja con su poderoso crayón lila cobra vida. Su mundo está guiado por la voz en off de un narrador omnisciente, a quien Harold percibe como una figura paterna. Cuando esa voz desaparece, la necesidad de reencontrarla los impulsa a cruzar hacia “el otro lado”: la realidad.

En el mundo real, Harold adopta forma humana —encarnado por Levi— y se topa, literalmente, con un niño (Benjamin Bottani) y su madre (Zooey Deschanel), quienes atraviesan el duelo por la reciente muerte del padre de familia. Los animales amigos también adquieren forma humana, dando vida a personajes interpretados por Lil Rel Howery y Tanya Reynolds. Así, la búsqueda del narrador se entrelaza con la ausencia paterna que atraviesa a la familia, construyendo un eje temático común: la necesidad de guía, pertenencia y consuelo.

La película conecta con aquellas fábulas cinematográficas en las que un portal permite a los personajes animados irrumpir en el mundo real. En ese sentido, resulta inevitable recordar a Jumanji (1995), donde el personaje de Robin Williams encarnaba a un adulto con alma de niño. Aquí, Levi retoma esa tradición al componer un Harold ingenuo, curioso y emocionalmente transparente, cuya mirada limpia funciona como puente entre la fantasía y la experiencia adulta.

Uno de los aspectos más interesantes —y también más discutibles— de la propuesta es su carácter de adaptación. Lejos de recrear fielmente el minimalista universo de tinta y papel del libro original, la película opta por expandirlo y reformularlo, casi como si se tratara de una secuela derivada que toma al personaje como punto de partida para una nueva aventura. Esta decisión implica un riesgo: se pierde parte de la sencillez poética del material original, pero se gana en dinamismo y en posibilidades narrativas pensadas para el público contemporáneo.

Harold y su crayón mágico no busca reinventar el género, sino recuperar el asombro primario de imaginar que un simple crayón puede cambiar el mundo. Bajo la dirección de Saldanha —que ya ha demostrado su habilidad para conjugar humor, color y emoción en el cine animado familiar— la película celebra el poder transformador de la imaginación. Una propuesta modesta y entrañable que invita a los más chicos a dibujar su propio camino, recordando que incluso en la realidad más gris siempre puede aparecer un trazo violeta capaz de abrir nuevos horizontes.

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