2026-02-14

Gaumont

Crítica de “La última enseñanza”: Entre la imaginación y el duelo en la costa bonaerense

El cine regional argentino continúa ganando espacios en la cartelera nacional, y el estreno de La última enseñanza (2025) en salas como el Gaumont marca un hito para la producción de Coronel Rosales. Dirigida por Elio Hugo Caprin Dal Sasso, la película se presenta como una apuesta íntima que busca trascender las fronteras de Punta Alta para instalar una reflexión sobre la infancia, el dolor y la capacidad redentora de la imaginación. Sin embargo, en ese salto de lo local a lo nacional, el film exhibe las costuras de una producción que se debate entre sus nobles intenciones y las limitaciones de su ejecución técnica y narrativa.

La trama se sumerge en el universo de Dante (Dante Gencarelli), un niño de nueve años cuyo mundo se reduce a las cuatro paredes de su habitación y la observación melancólica de su jardín. El aislamiento, sólo interrumpido por su abuela con quien convive luego de una tragedia familiar, se rompe a través de un plano onírico donde aparece un guía enigmático que navega las conciencias de niños tristes. Es en esta intersección entre el drama psicológico y el realismo mágico donde la película intenta hacerse fuerte, explorando cómo la creatividad puede funcionar como un salvavidas frente a la soledad.

No obstante, el principal escollo de La última enseñanza reside en un guión —a cargo de Federico Gencarelli— que se percibe estático y, por momentos, excesivamente solemne. El ritmo narrativo padece de una morosidad que no siempre se justifica con la introspección del personaje; las transiciones entre el mundo real y el espacio de los sueños carecen de la fluidez necesaria para que el espectador se entregue por completo a la propuesta fantástica. Asimismo, las actuaciones, marcadas por un tono dispar, denotan la falta de una dirección de actores más rigurosa que logre dotar de naturalidad a diálogos que a veces suenan demasiado literarios o impostados.

Sin embargo, en medio de estas irregularidades, emerge un elemento que sostiene el interés y le otorga a la película una identidad visual atendible: el aprovechamiento de las locaciones de Pehuen Co y Punta Alta. Caprin Dal Sasso logra capturar una belleza despojada y casi fantasmal en los paisajes costeros, utilizando el entorno no solo como fondo, sino como un reflejo exterior del estado interno de Dante.

La última enseñanza es una obra que camina por la cuerda floja de la ambición artística sin terminar de dar el paso firme. Es un film que flaquea en su estructura y en la profundidad de sus conflictos secundarios, pero que se percibe honesto en su núcleo emocional.

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