2026-02-11

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Crítica de “El asesino del juego de citas”: Anna Kendrick y un thriller basado en hechos reales

La realidad a menudo supera la ficción, y este es el caso de Rodney Alcala, nacido en San Antonio, Texas, quien durante la década de 1970 fue responsable de diversos crímenes por los cuales, años más tarde, sería condenado y moriría en prisión a los 77 años. Alcala se hacía pasar por fotógrafo y seducía a las mujeres con su encanto, aislándolas para llevar a cabo sus actos atroces. Su vida y su historia inspiraron la película dirigida por Kendrick, simbolizando su debut como directora.

En 1978, en un programa de citas emitido por una cadena estadounidense, un concursante ganó una cita con Sheryl Bradshaw (Anna Kendrick), la soltera de ese día. Lo que nadie sabía era que el soltero #3, el ganador (Daniel Zovatto), era un asesino en serie que posteriormente sería condenado por varios crímenes contra mujeres y niñas.

El asesino del juego de citas (Women of the Hour, 2024) juega con las convenciones del thriller psicológico, creando una trama que no solo explora la mente perturbada de un asesino, sino también las dinámicas de poder y control de las interacciones más cotidianas. Desde el primer minuto, la película captura la atención del espectador, construyendo un clima de tensión creciente que nunca se desvanece.

La puesta en escena es minimalista pero efectiva, permitiendo que los personajes se desenvuelvan en escenarios cerrados y casi claustrofóbicos, lo que refuerza la sensación de que están atrapados no solo por las circunstancias, sino también por la mente retorcida del antagonista. El uso de espacios vacíos y composiciones asimétricas crea una sensación constante de incomodidad, como si en cualquier momento algo pudiera romperse o salirse de control. Desde el punto de vista visual, se destaca el manejo de la luz y el color para contar su historia, con una paleta de colores fríos que refuerza la desconexión emocional de los personajes, creando un contraste con los breves momentos de calidez que surgen en flashbacks o situaciones de aparente normalidad, interrumpidos de inmediato por la amenaza latente del peligro.

El asesino del juego de citas aprovecha esta dualidad de colores para marcar los giros de la trama, especialmente cuando pasa de la banalidad de un programa de citas a la pesadilla de un secuestro y eventual asesinato. La cámara sigue de cerca a los personajes, a menudo utilizando planos cerrados que incrementan la sensación de angustia, como si los espectadores estuvieran atrapados en la escena junto a ellos, obligados a enfrentar la violencia psicológica que se despliega.

Las actuaciones son otro de los puntos fuertes de la película, con un elenco que se mueve entre lo superficial y lo profundamente oscuro. Anna Kendrick, quien también dirige y protagoniza, logra transmitir tanto la ingenuidad inicial como la creciente sensación de peligro en su papel de concursante. Su evolución emocional es orgánica y convincente; su transición de víctima potencial a alguien que comprende la gravedad de su situación es gradual, y cada expresión y movimiento parecen cuidadosamente calculados para reflejar el desmoronamiento de su falsa sensación de seguridad. Por su parte, Daniel Zovatto, en el papel del antagonista, proyecta la frialdad inquietante de un psicópata calculador, ocultando su verdadera naturaleza tras una fachada de encanto y normalidad. Esta dualidad se refuerza en los momentos en que su personaje se enfrenta a la cámara del programa, proyectando una imagen carismática mientras su violencia y manipulación se hacen cada vez más evidentes.

Narrativamente, el guión escrito por Ian McDonald maneja los tiempos con precisión, alternando entre eventos presentes y fragmentos del pasado que revelan gradualmente los motivos del asesino y las vulnerabilidades de sus víctimas. Este juego con la estructura temporal, aunque parece caótico al principio, permite al espectador involucrarse más profundamente en la trama, conectando las piezas del rompecabezas emocional que subyace en la historia. La música se utiliza de manera sutil, evitando los típicos sobresaltos sonoros para crear tensión, optando en cambio por un diseño de sonido minimalista que resalta los silencios incómodos y los momentos de calma antes de la tormenta. Cada nota parece colocada estratégicamente para intensificar la incomodidad sin distraer al espectador de los horrores psicológicos que se despliegan.

Sin recurrir a la violencia explícita, la película ilustra la manipulación y el control que ejerce Alcala de manera sutil y constante sobre sus víctimas. El asesino del juego de citas juega con los miedos más profundos del espectador, explorando no solo el horror de ser perseguido por un asesino, sino también la inquietante idea de que en cualquier interacción cotidiana puede esconderse un peligro insospechado.

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