2026-01-28

Salas de México

Crítica de "Sobriedad, me estás matando": juventud extendida, adultez en pausa

Los retratos de la sociedad actual que propone el arte —en este caso el cine— muestran a los grupos sociales cada vez más entrecruzados, con fronteras difusas. La edad, que antes organizaba formas de pensamiento y grados de maduración, aparece hoy como un territorio inestable. Niño, adolescente y adulto ya no se distinguen con claridad por vestimenta o comportamiento. A partir de los años ochenta, ese desencanto frente al futuro, marcado por expectativas poco alentadoras, derivó en una figura recurrente: el adulto que evita crecer y asume la postergación como identidad. Allí se inscribe la noción de los llamados “chavorrucos”.

El cine ha explorado este fenómeno en distintos momentos. En Kramer vs. Kramer de Robert Benton, un padre divorciado debe hacerse cargo de su hijo ante la ausencia materna. En Sólo con tu pareja, la ópera prima de Alfonso Cuarón, un publicista transita relaciones sin compromiso hasta enfrentar las consecuencias de sus actos. Y en The Big Lebowski de los hermanos Coen, la desidia se vuelve estilo de vida, atravesada por el crimen y el absurdo. Tres ejemplos que permiten pensar una involución confusa para quien observa desde afuera y aún más opaca para quien la vive.

¿De dónde surge esta deriva? El cine sugiere algunas respuestas: el desencanto ante un futuro incierto, las dependencias, la complejidad laboral atravesada por la tecnología y las redes sociales, la reconfiguración de la familia y la indecisión permanente que todo ello genera en el individuo.

En ese marco se inscribe Sobriedad, me estás matando (2025), primera película dirigida por Raúl Campos. El film sigue a Raffi (Octavio Hinojosa), un hombre cercano a los cuarenta que ha pasado años en centros de rehabilitación por alcoholismo y que se resiste a abandonarlos: allí encuentra contención y ausencia de responsabilidades. Expulsado del último centro, vuelve a la casa de sus padres, Emilia (Mónica Dionne) y Rodrigo (Félix de Valdivia), de donde también es echado. El único refugio posible es Trino (Alfonso Borbolla), su último amigo, quien intenta reencauzarlo e incluso lo anima a retomar un viejo amor adolescente, Inés (Maya Zapata).

Raffi se define por la burla constante y el aprovechamiento de quienes lo rodean, incluido Trino y su pareja, Simón (Hugo Catalán). Trino lo sostiene porque Raffi fue uno de los pocos amigos que aceptó su homosexualidad y le consigue un empleo de oficina que el protagonista rechaza: no quiere una vida de horarios y escritorio. En ese recorrido aparece una vocación latente, la fotografía, una pasión juvenil que nunca logró desarrollar.

La película trabaja esa tensión entre deseo personal e imposición social. Raffi oscila entre Inés y Laura (Lucía Gómez Robledo), su pareja del pasado con quien se reencuentra; entre la fotografía y la inercia; entre la independencia y el vínculo materno, que culmina en un cierre incómodo y revelador. La ambigüedad no se resuelve del todo: la adultez aparece como un proceso inconcluso.

Campos subraya esa idea en un monólogo final, donde la vida se compara con un carrito de supermercado empujado por un indigente: un recorrido en el que se cargan restos, se pierden partes y se avanza sin control pleno. Más que un mensaje, funciona como sugerencia.

Sobriedad, me estás matando propone una lectura sobre una clase media urbana que sobrevive entre comodidades materiales y desgaste interno. Sin subrayados, la película observa una forma de estar en el mundo donde crecer no es una meta sino una negociación permanente.

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