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Crítica de "En el camino": David Pablo y la ruta del deseo
Dirigida por David Pablos, conocido por El baile de los 41 (2020), En el camino (On the Road, 2025) traslada el eje del relato a la ruta mexicana como territorio de tránsito, intercambio y exposición. La película sigue a Veneno (Víctor Prieto) y a Muñeco (Osvaldo Sánchez), dos figuras unidas por un vínculo inestable que se construye en movimiento.
Veneno sobrevive en los márgenes de la carretera, frecuentando restaurantes de paso donde intercambia sexo por dinero o por la posibilidad de seguir viaje. En una de esas paradas conoce a Muñeco, un camionero hosco y reservado, a quien persuade para introducirlo en el mundo del transporte de larga distancia por el norte de México. El trayecto compartido va generando una intimidad sostenida por silencios, acuerdos tácitos y tensiones no dichas, hasta que irrupciones del pasado de Veneno alteran ese equilibrio frágil y colocan a ambos en una zona de riesgo.
El film dialoga con Baby (2024), de Marcelo Caetano, aunque invierte el escenario: del encierro urbano al desierto como territorio abierto y hostil. Pablos trabaja el cruce entre lo real y lo mítico, con una puesta que asume su artificio y convierte la performance en lenguaje. La exposición del cuerpo no es provocación gratuita, sino una estrategia de supervivencia.
La fotografía articula neón, polvo y piel en composiciones que sostienen una tensión constante entre atracción y amenaza. La cámara observa sin concesiones, registra rutinas, gestos y transacciones, y vincula el erotismo con la violencia como pulsiones que coexisten. No se trata de ilustrar el exceso, sino de interrogar el costo del deseo en un entorno marcado por la precariedad.
El homoerotismo organiza la narración: baños compartidos, piscinas de paso, habitaciones anónimas. El sexo no funciona como adorno, sino como estructura dramática que revela jerarquías y relaciones de poder. Pablos evita el subrayado moral y se concentra en las condiciones materiales del intercambio: quién mira, quién paga, quién decide. La incomodidad no se atenúa; se sostiene como método.
Premiada con el León Queer y el galardón a Mejor Película de la sección Horizontes en Venecia, y con el Premio FIPRESCI en La Habana, En el camino propone una experiencia de fricción. Confía en la imagen, trabaja el exceso como herramienta expresiva y discute la mirada sobre la prostitución masculina desde una ética de observación. En ese recorrido, el viaje importa menos que aquello que el trayecto deja al descubierto.