2026-01-04

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Crítica de "Enredados": La chica del cabello largo

Una bebé con poderes concentrados en su cabello es secuestrada y confinada en la torre de un castillo por una bruja. Dieciocho años después, Rapunzel —con la voz de Mandy Moore en la versión original— expresa el deseo de salir al mundo. La fuga se produce a espaldas de su madre-secuestradora y junto a un príncipe que no llega para rescatarla sino para esconderse tras un robo reciente. El punto de partida condensa un catálogo reconocible.

En Enredados reaparecen los tópicos del estudio: medievalidad reconfigurada, familia como núcleo incuestionable, orden social estable, reparto binario entre “buenos” y “malos”. Ese conjunto define una identidad de marca que reduce la incertidumbre del consumo: se sabe qué se compra y cómo funciona. Cine de género en estado puro.

La operación no se agota en la repetición. Disney vuelve sobre lo mismo y ajusta el mecanismo para sostener vigencia. Aquí, el relato se articula desde la metáfora del vínculo entre una madre sobreprotectora y una hija que alcanza la adultez y ensaya la desobediencia. El intercambio entre ambas concentra tensiones reconocibles para una espectadora adolescente: la experiencia invocada como advertencia, el “afuera” presentado como amenaza bajo la idea del cuidado, la culpa como consecuencia inmediata de la autonomía.

El mensaje oscila: la película propone conocer el mundo, pero condiciona ese gesto a una edad habilitante. Un discurso conservador atravesado por una pátina liberal. La ambivalencia se repite en la escena del bar, poblado por hombres presentados como temibles, torsos desnudos y gestualidades codificadas. Sin subrayados, la secuencia introduce una metáfora sexual que se diluye en un comentario ingenuo de Rapunzel sobre el olor del lugar. La situación se resuelve rápido: la protagonista administra el espacio, desactiva la amenaza y convierte a los “peligrosos” en aliados.

Sin extender el análisis, la película encuentra equilibrio entre humor, aventura y carisma, y agrega la dosis esperable de moral. El resultado confirma una lógica industrial afinada: continuidad con ajuste, reconocimiento con desplazamientos mínimos. En ese punto, Disney reafirma su marca y entrega uno de sus títulos más consistentes de ese período.

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