2025-12-27

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Crítica de "The Mannequin": La muñeca maldita

Que el título de la película de John Berardo no engañe, porque en tiempos de remakes puede pensarse que The Mannequin (2025) tiene algo que ver con las dos comedias románticas casi homónimas (Mannequin) de fines de los ’80 y principios de los ’90. Pero nada más alejado del amor y de las fábulas de enamoramiento que la propuesta de Berardo, quien propone una nueva relectura sobre uno de los temores más atávicos del ser humano, aquel según el cual los objetos inanimados son capaces de adquirir vida para desatar el horror.

Todo comienza en la década de 1950, cuando el amplio galpón que supo ser el depósito de una fábrica de maniquíes ha sido reconvertido en el estudio de un fotógrafo. La rutina parece transcurrir con normalidad, en un clima casi mundano, hasta que un hecho anómalo irrumpe sin previo aviso y la modelo termina bañada en sangre.

Ese prólogo instala una amenaza latente que la película retoma décadas después, cuando Sophia (Gabriella Rivera) y su hermana Liana (Isabella Gomez) compran la propiedad junto con todos los objetos abandonados en su interior. Entre ellos hay un maniquí al que nadie presta demasiada atención y que, sin que las protagonistas lo sepan, ha sido testigo silencioso de varias masacres.

En su primera mitad, The Mannequin avanza de manera contenida, apoyándose más en la sugerencia que en la explicitación. Algunos sonidos de pasos inexplicables, sombras que se deslizan en el fondo del plano y presencias que parecen ocupar el espacio fuera de campo indican que algo maligno acecha sin mostrarse del todo.

Berardo, al menos en esta etapa, no pone el acento en el terror sobrenatural y elige, en cambio, construir un drama íntimo y mayormente femenino, explorando tanto la relación entre las hermanas como el vínculo que ambas establecen con un pequeño grupo de amigas que funciona como red de contención emocional frente a los miedos, las dudas y los deseos que atraviesan sus vidas.

Lo interesante es que, a contracorriente de lo que suele ocurrir en muchas películas de terror contemporáneas, que se desinflan a medida que avanzan, The Mannequin guarda sus mejores cartas para el último tercio. Es allí donde Berardo abandona cierta tibieza inicial y apela de manera más decidida a elementos clásicos del género, combinando motivos propios del cine de fantasmas con ecos del exorcismo y del terror religioso. El resultado es una seguidilla de set pieces bien construidas, con sustos precisos y una atmósfera opresiva que finalmente capitaliza la inquietud sembrada desde el comienzo.

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