2025-12-23

MUBI

Crítica de “Matate, amor”: Jennifer Lawrence y la espectacularización de la salud mental

Matate, amor (Die, my love, 2025) es una película atravesada por contradicciones en todas sus formas y eso, precisamente, la vuelve más poderosa: nada se presenta desde una única mirada o una única interpretación. La directora escocesa de Tenemos que hablar de Kevin (We need to talk about Kevin, 2011) adapta la novela homónima de la directora argentina Ariana Harwicz escrita en 2012.

Grace (Jennifer Lawrence) es una joven escritora que se instala en una casa aislada junto a su pareja, Jackson (Robert Pattinson), con el deseo de iniciar una nueva etapa. Sin embargo, tras el nacimiento de su hijo, la protagonista queda atrapada en una profunda depresión posparto que la sumerge en un estado de angustia, soledad y desconcierto. A medida que avanza el relato, los límites entre la realidad y las alucinaciones se vuelven cada vez más difusos, lo que acentúa la representación de su fragilidad psicológica y el encierro doméstico como espacios de deterioro emocional.

El relato avanza entre una sensación de confusión y atracción: es un film lleno de imágenes de tono surrealista —no siempre con la intención de serlo— que a veces resultan demasiado elaboradas o espectaculares para simbolizar los distintos estados de la mente y sus consecuencias. 

El elenco secundario es sólido, con notables interpretaciones de LaKeith Stanfield, Nick Nolte y Sissy Spacek, quienes aportan profundidad y textura al relato. Cada uno encarna personajes marcados por heridas propias que dialogan con el deterioro emocional de Grace y Jackson. Estas presencias no solo enriquecen la atmósfera del filme, sino que amplifican la impresión de que todos los personajes —y el espectador con ellos— comparten alguna forma de vulnerabilidad.

Entre las actuaciones, las escenas visuales de impronta lyncheana y una banda sonora que construye un clima envolvente, Matate, amor ofrece una experiencia cinematográfica poderosa.

Sin embargo, no evita la polémica: el tratamiento espectacularizado de temas profundos vinculados a la salud mental puede resultar problemático, especialmente para cierto público que pueda percibirlo como una banalización, pese a los múltiples esfuerzos de su directora, Lynne Ramsay, por desactivar esa lectura.

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