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Crítica de “Stalkers”: Nada como ir juntas a la par
Hay una estrella porno, pero no es una película triple X. Hay también un enmascarado que porta un cuchillo y está dispuesto a masacrar a unos cuantos personajes, aunque no se trata de un remedo tardío de Scream (1996). Y hay una madre inexperta debiendo hacerse cargo de su hija de 13 años, a la que dio en adopción cuando era adolescente, incluso cuando no se trate de un drama sobre ese tema tan caro al cine de todos los tiempos que son los vínculos humanos. De esas múltiples influencias nace Stalkers (2025), de Ben Thompson, un thriller que entre líneas reflexiona sobre el peso del pasado y la búsqueda de redención en un presente que nunca termina de soltarnos.
La película arranca como una clásica película slasher, con el brutal asesinato de un matrimonio a puro cuchillazo. Corte a una solitaria actriz porno que, en pleno set, recibe una llamada alterándola de que su hija sanguínea de 13 años perdió a sus padres adoptivos y que, de no encontrarle tutor, deberá ir a un orfanato. Más allá de las resistencias iniciales, ella termina aceptando el desafío de cuidarla, en lo que es un viaje hacia su ciudad natal que podría operar como principio de una nueva página de su vida.
No hace falta mucho para que la sombra de los stalkers -no solo como asesinos, sino como obsesiones, fantasmas internos y recuerdos sin procesar- empiece a tejerse alrededor de ellas. La cercanía física de la hija con ese pasado complejo condensa buena parte de la tensión de un relato en el que cada gesto y cada palabra entre madre e hija lleva en su ADN la voluntad de confiar mutuamente.
Thompson maneja con habilidad un registro que oscila entre el thriller clásico, la fábula de redención personal, el melodrama familiar y personal centrado en los esquemas internos de una chica atravesada por el duelo y otra por los tormentos de una vida solitaria y con varios errores. La mezcla no siempre funciona, pero cuando lo hace es fuerza de la potencia interpretativa de Olivia Stadler y Scarlett DiCaro y la tenacidad de Thompson para mantenerse del lado correcto del verosímil.