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Crítica de "Inframundo: la rebelión de los Lycans": Vampiros vs. Hombres Lobos: La historia continúa
Algunas precuelas suelen apoyarse en la exploración de los orígenes: cómo nacen los personajes, qué hechos conducen al punto donde inicia el relato principal. El ejemplo más citado son los Episodios de Star Wars, concebidos por George Lucas varias décadas después de la trilogía original para narrar la historia previa. La comparación, sin embargo, no resulta pertinente cuando se trata de Inframundo, cuya tercera entrega funciona como precuela de las aventuras de Selene en el marco de la disputa entre vampiros y hombres lobo.
La historia se centra en los inicios del conflicto entre los vampiros aristócratas —los Death Dealers— y sus esclavos, los Lycans. En ese escenario aparece Lucian, un joven licano que se convierte en líder y organiza una resistencia contra Viktor, soberano vampírico y responsable del sometimiento de su especie. Patrick Tatopoulos dirige esta entrega que apuesta a un despliegue visual constante, aunque la narración se vuelve reiterativa y avanza con escasa solidez dramática. Aun así, logra mantener el interés y evitar el exceso de artificio que podría haber desplazado la propuesta hacia un terreno puramente mecánico.
Inframundo: la rebelión de los Lycans (2009) funciona como pieza destinada a un público ya familiarizado con la saga. Quienes sigan la mitología de la franquicia probablemente encuentren en esta precuela un complemento más del universo construido, sin grandes variaciones y sin alterar significativamente la experiencia general.