2025-11-13

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Crítica de “50 segundos: el caso Fernando Báez Sosa”: reconstrucción, impacto y límites de la docuserie de Martín Rocca

50 segundos: el caso Fernando Báez Sosa (2025), dirigida por Martín Rocca, aborda un crimen que quedó fijado en la memoria pública y lo organiza en una narrativa que busca dar sentido a un material ampliamente difundido. No pretende revelar datos nuevos ni reinterpretar el expediente judicial, sino ordenar lo que circuló durante años en medios y redes.

El asesinato ocurrido en Villa Gesell el 18 de enero de 2020 —registrado en video y replicado de inmediato— se volvió un punto de inflexión por la violencia grupal, la juventud de los involucrados y la dimensión simbólica que adquirió en el debate social. La docuserie retoma ese impacto y lo trabaja como un rastro que necesita ser narrado con claridad.

Desarrollada en tres episodios, el relato recorre la reconstrucción del ataque, la expansión mediática y el proceso judicial. El primer tramo funciona como una línea de tiempo donde los segundos que dan nombre a la producción operan como eje narrativo, apoyado exclusivamente en registros verificables.

La segunda línea muestra el efecto multiplicador de los medios y cómo los registros difundidos moldearon la percepción social hasta convertir el caso en un emblema antes de la sentencia, sin necesidad de subrayados.

El cierre se concentra en el juicio y expone el cruce entre dolor, exposición pública y funcionamiento judicial. Las voces se presentan sin jerarquías, reforzando la idea de un caso que trascendió a quienes lo protagonizaron y se volvió una experiencia colectiva.

La serie articula testimonios de familiares, amigos, abogados, periodistas, integrantes del Poder Judicial y voces de los condenados. El dispositivo prioriza la acumulación antes que el contraste: aporta variedad, pero limita la discusión. No busca profundizar en violencia juvenil, dinámicas de clase o rituales de masculinidad; se concentra en hechos y consecuencias.

En lo formal, 50 segundos: el caso Fernando Báez Sosa sigue el modelo contemporáneo del true crime: montaje ágil, uso intensivo de archivo, tomas con drones y una narración sostenida. Todo funciona, aunque sin riesgo estético ni gesto autoral que modifique la lectura del caso. Rocca opta por la claridad, una elección que fortalece el relato pero reduce su capacidad de interrogación.

En definitiva, la docuserie organiza un caso saturado de información y lo presenta con rigor para quienes buscan comprender cómo un lapso mínimo de violencia generó un impacto social y judicial prolongado. Ese orden, a la vez, marca su límite: un documental sólido, aunque sin la profundidad analítica o el enfoque disruptivo que podría abrir nuevas preguntas sobre las condiciones que habilitaron el crimen.

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