2025-09-26

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Crítica de “Hombre lobo”: Julia Garner y Christopher Abbott en un mito truncado por los clichés del terror

El personaje del hombre lobo, que en el cine ha sido interpretado por actores como Lon Chaney Jr., Jack Nicholson y Benicio del Toro, sigue siendo una figura rica en posibilidades para diversas relecturas del mito. Sin embargo, encontrar una película que logre explorar profundamente su vínculo con la condición humana sigue siendo un desafío. 

Hombre lobo (Wolfman, 2025) dirigida por Leigh Whannell (El hombre invisible) y producida por Blumhouse, opta por tomar el camino más sencillo: reduce la historia a un relato de terror lleno de los clichés clásicos del género: Casa aislada en medio del bosque, gritos femeninos, y apariciones repentinas de un ser mitad hombre, mitad animal.

La historia gira en torno a Blake Lovell (Christopher Abbott), un hombre marcado por la extraña desaparición de su padre en el bosque. Con el deseo de sanar su trauma, decide regresar con su esposa Charlotte (Julia Garner) y su hija Ginger (Matilda Firth) a la remota casa de su infancia en la zona rural de Oregón tras la muerte de su padre, solo para descubrir que, en lugar de cerrar viejas heridas, comienza a experimentar en carne propia la presencia de la aterradora criatura.

Esta resolución le quita toda la gracia a una historia que podía reelaborar el mito a partir de los temas sugeridos: el enemigo interno, la transformación corporal, la identidad monstruosa o las heridas emocionales del pasado. Temas relegados a un segundo plano, arrasados por el mismo esquema convencional de la película de terror.

Hay que rescatar que la transformación dolorosa del hombre en la criatura no pretende ser novedosa o revolucionaria. La película evita la detallada descripción a diferencia de la clásica Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London, 1981). En cambio, el personaje mantiene su apariencia humana en todo momento, como ocurre con el personaje de Jack Nicholson en Lobo (Wolf, 1994), sumado a una descomposición corporal brutalmente explícita al estilo de La mosca (The Fly, 1986) de David Cronenberg.

El punto de vista del padre, con una visión nocturna espantosa que simula la vista del lobo, se contrasta en la segunda mitad del film con el punto de vista de Charlotte, su mujer, interpretada por Julia Garner, que lucha no solo contra los horrores del bosque, sino también contra la creciente amenaza de su propio esposo. Una idea interesente que se diluye entre gritos y situaciones de encierro.

Sin aportar nada nuevo, la versión de Blumhouse de “El hombre lobo” se presenta como una repetición de fórmulas probadas que no llegan a profundizar en el mito del lobizón.

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