Teatro Broadway
Crítica de "Currents": Mayumana y la música que se ve
La escena se enciende como un circuito. No hay parlamentos ni diálogos. La tensión no la marca el conflicto entre personajes, sino el pulso entre cuerpos. Cada movimiento está guiado por una idea: el ritmo no solo se escucha, también se ve, se encarna, se vibra. Así se despliega Currents, la propuesta con la que Mayumana regresa a Buenos Aires después de años sin pisar un escenario local.
Desde su creación en 1996, el grupo israelí trabaja sobre una matriz que combina percusión corporal, danza, música en vivo y tecnología escénica, en una sinergia que se aleja del espectáculo como exhibición y se aproxima a una forma de celebración colectiva. A lo largo de sus casi tres décadas de trayectoria, Mayumana diseñó un lenguaje escénico donde la coordinación física reemplaza al texto, y donde cada función funciona como una coreografía eléctrica: visual, sonora, energética.
Currents se gestó como parte de una colaboración con el Museo de Ciencia de Nueva York, inspirado en la histórica disputa entre Nikola Tesla y Thomas Edison por la corriente alterna y la corriente continua. Ese conflicto técnico, que marcó el desarrollo de la electrificación moderna, se resignifica aquí como tensión escénica; entre lo analógico y lo digital, entre el silencio y el estruendo, entre el caos y la precisión. La electricidad como metáfora se vuelve material escénico.
En ese terreno, los intérpretes –músicos, acróbatas, bailarines y performers– construyen un espectáculo que no recurre a la palabra pero no por eso deja de contar. Cada escena se compone como una partitura visual, donde los objetos funcionan como extensiones del cuerpo.
Durante los 75 minutos de función sin pausas, la estructura del espectáculo avanza como una secuencia de loops, desafíos y juegos que requieren una coordinación extrema y un entrenamiento escénico riguroso. El cuerpo se convierte en instrumento. Pero no uno estático, afinado de antemano y ejecutado desde afuera, sino en una fuente de sonido que produce sentido a través del movimiento. La percusión no es solo una técnica rítmica sino una forma de vinculación. En lugar de representar algo, los intérpretes hacen que las cosas sucedan. La propuesta avanza a partir de una dramaturgia del gesto, donde el golpe marca el compás y la luz articula el relato.
Uno de los núcleos de Currents es el vínculo con la audiencia. A diferencia del teatro tradicional, donde el público observa, aquí se lo convoca a participar, a responder, a intervenir. La escena no se completa sin esa interacción. Los espectadores pasan de la contemplación a la ejecución: aplauden, responden, repiten, se ríen, integran. Esa apertura transforma la función en una vivencia compartida, un juego colectivo que prescinde del lenguaje verbal pero no de la comunicación.
No hay traducciones posibles, porque no hacen falta. Tampoco códigos previos. Lo que ocurre en escena se comprende desde el cuerpo. En una época signada por el consumo individual y la hiperfragmentación de los sentidos, Currents propone un regreso a lo básico: estar ahí, con otros, experimentando el tiempo en presente.