Festival de Cannes - Una cierta mirada
Crítica de “Eleanor The Great”: Scarlett Johansson y los últimos testigos del Holocausto
Dos ancianas (¡95 años!) que duermen en camas paralelas despiertan por la mañana mucho más tarde de lo habitual. Por la conversación sabemos que su complicidad es total y la secuencia, filmada en plano-contraplano, delata también una puesta en escena muy rutinaria, acrecentada por un delicado piano que a los pocos segundos pone banda sonora al diálogo. Estamos ante el debut en la dirección por parte de la actriz Scarlett Johansson, que ocupa un espacio privilegiado en la sección Un Certain Regard de Cannes 2025. No es la calidad de la película lo que le ha garantizado este lugar en el festival sino el hecho de que sea la ópera prima de quien es.
Es la gran paradoja de este tipo de apuestas. Si por algo destaca Eleanor The Great es por su fotografía (cortesía de Hélène Louvart) y si acaso por su guion (firmado por Tory Kamen), tan convencional como hábil a la hora de tratar su tema central. Porque, es preciso reconocerlo, no es un tema fácil o baladí que se pueda despachar de cualquier manera.
Recapitulemos. La Eleanor del título se ha ido a vivir a Florida con Bessie, su mejor amiga desde hace 70 años, una vez que las dos han quedado viudas (la naturaleza de esa relación no se precisa del todo). Pero cuando Bessie muere, Eleanor tiene que volver a Nueva York con una hija que lo primero que hace es buscarle ocupaciones. No se sabe muy bien cómo pero Eleanor acaba formando parte de un grupo de supervivientes del Holocausto que cuentan sus experiencias. Eleanor profesa la religión judía porque su marido era judío, pero ha nacido en Estados Unidos y la experiencia del Holocausto solo la conoce por los relatos de la propia Bessie.
Así que ahí tenemos a Eleanor, gran y emotiva narradora que seduce a su grupo de supervivientes del Holocausto, pero también a una joven periodista que intenta superar el duelo por la muerte de su madre. El conflicto se resuelve con una más que notable elegancia, entendiendo que lo importante de esta película (de su guion) no es tanto el suspense de saber cuándo descubrirán la impostura de Eleanor sino poner sobre la mesa un tema muy conflictivo: qué importa más, la veracidad del testimonio o la del testigo. Eleanor relata unos hechos ciertos, poniendo voz a quién ya no puede proporcionar ese testimonio. Ella habrá podido suplantar a Bessie, pero no ha traicionado su experiencia. Lo mejor que puede decirse de Johansson, la directora, es que ella también ha dejado que hablase el guion y no ha interferido en su discurso. Otra cosa es que Cannes precise de estas películas.