2025-05-16

Salas

Crítica de “Infierno en el pantano”: Cocodrilos y cocaína en el Bayou

Infierno en el pantano (The Bayou, 2025) es cine de explotación en estado puro: una historia trillada con una desbordante pasión por las muertes truculentas provocadas por las criaturas en cuestión. Brazos amputados y personas decapitadas de un solo mordisco por caimanes asesinos.

Recién graduada, Kyle (Athena Strates) se dirige con sus amigos a pasar unas vacaciones en el Bayou de Luisiana, pero el avión se estrella y el grupo queda a merced de cocodrilos intoxicados por el consumo de estupefacientes. Los reptiles corren, saltan y devoran a cualquiera que se cruce por su pantano.

A la vasta lista de películas sobre tiburones se suman, desde hace un tiempo, las de cocodrilos: versiones de agua dulce de los depredadores marinos. Sin embargo, lo cierto es que los reptiles no tienen ni la velocidad ni la brutalidad de los mamíferos de agua salada. La trama, escrita por Ashley Holberry y Gavin Cosmo Mehrtens, intenta justificar esta diferencia con una mutación asesina provocada por un derrame tóxico, resultado de una redada en un laboratorio de cocaína.

A este delirio cinematográfico se le suman pésimos efectos visuales que delatan el uso de muñecos de goma en lugar de caimanes reales, y un CGI que hace moverse a los reptiles con una rapidez inverosímil. El desparpajo supera incluso al de Infierno en la tormenta (Crawl, 2019), de Alexandre Aja.

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Luego vienen todos los lugares comunes: el grupo se va reduciendo víctima de los ataques, y la protagonista termina convertida en heroína, no sin antes lucir una musculosa ensangrentada que resalta su figura. Por suerte, Infierno en el pantano nunca se toma en serio a sí misma, y recurre al humor para sobrellevar sus excesos e inconsistencias narrativas.

Pero ni siquiera tomada en broma, esta lamentable producción dirigida por Taneli Mustonen y Brad Watson resulta digerible. Al menos las películas de tiburones pueden presumir de descender de una original que fue buena. No es el caso de las de cocodrilos, cuyo origen ya es bastardo, arraigado en la serie B: películas baratas con cocodrilos de goma.

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