Salas
Crítica de “Medium / Oddity”: Terror irlandés de Damian McCarthy a la altura del género
Medium (Oddity, 2024) comienza con un caos narrativo que, admito, me desconcertó. A los veinte minutos, tuve que rebobinar para reorganizar las piezas, lo que podría espantar a algunos espectadores menos pacientes. Sin embargo, esa decisión inicial de priorizar una estructura fragmentada, con flashbacks que van desvelando gradualmente el pasado de los personajes, es lo que le da a la historia su sabor particular.
La trama no nos guía de la mano; exige atención, algo poco habitual en un género que suele optar por el camino más directo hacia el susto. Sumida en el dolor por la pérdida de su hermana gemela, Darcy (Carolyn Bracken), una médium ciega y propietaria de una tienda de objetos insólitos, se ve atrapada en un misterio. Un antiguo maniquí de madera, que guarda en su tienda, será la clave para desvelar la verdad oculta tras un asesinato.
Uno de los puntos fuertes de la película es su calidad visual. La fotografía de Colm Hogan, especialmente en exteriores, destaca por su uso de colores apagados y un grano leve que le da una textura casi onírica, como si estuviéramos atrapados en una pesadilla lúcida. No obstante, el manejo de las escenas nocturnas interiores podría haber sido más preciso. En ciertos momentos, la oscuridad se vuelve excesiva, dificultando la comprensión de lo que sucede en pantalla. Aunque se puede argumentar que esto busca generar incomodidad, en ocasiones cruza la línea hacia lo frustrante.
Uno de los elementos más memorables es el espantoso muñeco de madera que Darcy regala a su ex cuñado Ted (Gwilym Lee). Su diseño merece un capítulo propio en la historia del terror: tosco, deforme y con una presencia tan inquietante que cala hasta los huesos. No necesita moverse ni emitir sonidos para resultar escalofriante; su mera existencia en pantalla es una amenaza constante.
La construcción del sonido y la música es otro de los aciertos de la película. Los momentos de tensión se acompañan de un diseño sonoro minimalista, con crujidos, ecos y un bajo casi imperceptible que aumenta la ansiedad. Cuando la música de Richard G. Mitchell entra en escena, no lo hace para subrayar emociones evidentes, sino para amplificar lo que ya está presente. El resultado es una atmósfera densa, donde cada silencio tiene un peso casi tan grande como cada nota musical.
Claro que no todo es perfecto. En algunos momentos, surgen ciertos clichés del género. Sin embargo, están dosificados y no llegan a empañar el conjunto. Medium es de esas raras piezas de terror que no solo buscan asustar, sino que se esfuerzan por ofrecer algo diferente. Imperfecta, sí, pero auténtica. Y lo mejor: asusta de verdad.