2024-11-05

Salas

Crítica de “El tiempo que tenemos”: Florence Pugh y Andrew Garfield en una relación muy lejos de ser idílica

El tiempo que tenemos (We Live in Time, 2024) sigue la historia de Almut (Florence Pugh), una chef ingeniosa e imparable, y Tobías (Andrew Garfield), un hombre recién divorciado que intenta redefinir su vida, quienes se encuentran en un momento inesperado que marcará un antes y un después en sus vidas. A medida que transitan juntos momentos significativos, construyen un hogar y se convierten en familia. Sin embargo, una verdad dolorosa pronto desafiará los cimientos de su relación. Emprenden entonces un viaje en el que los límites del tiempo les obligan a valorar cada instante de su poco convencional historia de amor.

Desde el inicio de la película, el guion logra crear una atmósfera cargada de dramatismo y emotividad, estableciendo el tono que guiará hacia un desenlace conmovedor. En esta apertura, la narrativa ofrece un breve resumen de la relación entre Almut y Tobías, mostrando momentos clave que sitúan al espectador en su historia y reflejan la conexión profunda que comparten. Tras este prólogo, la trama adopta una estructura no lineal que no solo aporta dinamismo a la película, sino que también permite explorar a fondo el vínculo entre ambos. Este recurso muestra cómo pasan de ser individuos independientes a una pareja profundamente unida. Todo esto se convierte en una suerte de crónica de su relación, acompañada por una sutil alusión al título original de la película, We Live in Time (“Vivimos en el tiempo”), al abordar el paso del tiempo y la perdurabilidad de su amor, incluso cuando uno de ellos ya no está presente.

La frase “prefiero tener seis meses perfectos a doce meses difíciles y pasivos”, dicha por Almut tras su diagnóstico, refuerza el sentido de la historia y el título de la película, justificando la elección de mostrar momentos del presente en los que ella aún mantiene su vitalidad. Este enfoque narrativo prioriza las secuencias en las que Almut no aparece debilitada, sumando a la sensibilidad del relato.

Durante el primer y segundo acto, la película adopta un tono directo y realista, con sutiles toques idílicos que aparecen en momentos precisos, evitando excesos que pudieran romantizar la historia de una forma que contradiga su intención dramática, especialmente al abordar la enfermedad de Almut. En el último tramo, el filme adopta un tono más metafórico y desgarrador, evitando imágenes explícitas para hacer justicia a las palabras de Almut.

A lo largo de la historia, a pesar de los desafíos de salud de uno de los personajes, tanto Almut como Tobías resultan encantadores, auténticos y profundamente humanos. La química entre Florence Pugh y Andrew Garfield es innegable, y su habilidad para transitar con naturalidad entre escenas de gran carga emocional y momentos de comedia resulta convincente y destaca como uno de los puntos fuertes de la película.

El tiempo que tenemos es una clásica película romántica que, aunque incorpora tintes cómicos en ciertas escenas, opta por centrarse en el drama, presentando una historia hermosa y compleja que explora la naturaleza de las relaciones de pareja, con sus altibajos y los inevitables desafíos. La trama se destaca por evitar imágenes idílicas o artificiosas que pudieran quebrar el tono genuinamente desgarrador que la historia busca transmitir.

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