Sábados en el Teatro Picadero
“Ahoradespués”: el entrañable viaje conducido por Federico Ottone que revaloriza el presente
Cuando uno elige ver una obra de teatro conoce con anticipación cuál es el horario en el que comenzará la función y, a su vez, imagina que, minutos después, ya con todos los espectadores sentados en sus correspondientes butacas y con los actores presentes en el escenario se dará inicio a una historia. Sin embargo, lo que desconoce y, no puede pronosticar, es cuánto tiempo esa narración escénica perdurará en su memoria emotiva. Es probable que si ese relato, por su construcción, dirección e interpretación, le genera preciadas emociones y reflexiones, logre una significativa trascendencia temporal en su mente y corazón. De hecho, esto sucede con Ahoradespués, la obra escrita por Guido Zappacosta, dirigida por Héctor Díaz y protagonizada por Federico Ottone, que se presenta los sábados en el Teatro Picadero, situado en Enrique Santos Discépolo 1.857, Capital Federal (Entradas en Plateanet).
En la comedia dramática ganadora del concurso CONTAR, durante una hora, el público escucha y observa con atención la narración que lleva a cabo Diego (Ottone), un joven que intenta recordar y reconstruir el vínculo que tuvo con su padre. Para ello, recurre a situaciones que tuvieron lugar en una cancha de fútbol, en la cocina o en el parque de su casa, en la escuela, en la cancha de básquet y en el hospital. Asimismo, emplea elementos que contribuyen a la evocación. Algunos aparecen en escena de forma figurativa y otros de manera abstracta.
Lo que Diego no sabe dentro de la ficción es que, en el transcurso de su relato, los espectadores no solo van riendo y llorando sino, también, éstos notan cómo los distintos pasajes pueden llegar a tocar ciertas fibras íntimas de sus propias vidas y de sus vínculos fuera de la sala. Es que, en mayor o en menor medida, las circunstancias del protagonista, de su hermano, su madre y su padre pueden ser las de muchos de los presentes en la platea.
Federico Ottone a corazón abierto
Cada proyecto artístico genera preguntas y respuestas en quien lo habita, ¿cuáles surgieron en vos desde tu vinculación con la obra hasta el presente?
La primera pregunta que me generó fue '¡Cómo carajo hacemos esto!' (risas). Porque el texto estaba muy bueno, y cuando uno lee un texto que es muy redondo se pregunta cómo hacerlo para, de alguna manera, cuidarlo al llevarlo a escena. Y lo que más me divierte es, con las funciones, ir encontrando nuevas preguntas, suena medio cursi, pero es ir encontrando más preguntas que respuestas, porque cualquier respuesta que encuentre en una función, o en un ensayo, o en una lectura, después se cae. Entonces, mejor entrar a preguntar que entrar a mostrar la respuesta que uno encontró.
Es tu primer unipersonal, ¿cuáles fueron los principales desafíos que afrontaste?
Primero, el texto es muy sólido, entonces no siento que tengo que sostener algo. Por otro lado, el trabajo con Héctor Díaz ayudó a que todo el dispositivo me contuviera. Por lo tanto, entro a una maquinaria que en cuanto arranca medio que empieza a funcionar casi a pesar mío, así puedo soltar un poco y dejarme llevar por la ola armada entre el texto y la puesta, las luces... El gran desafío es no estar tratando de controlar o viendo cómo sale, sino entrar y compartir.
Una frase que recuerda Diego de su hermano tiene que ver con que 'ahora es ahora y ya es ya, no hay después'. Fuera de la ficción, ¿siempre tuviste clara esta premisa?
Esta obra remueve absolutamente todo, te hace pensar. Y salgo de acá y sigo teniendo la misma ansiedad, y esto de guardarse cosas y no decir, ¡es un laburo! (risas). Pero está buenísimo hacerse esa pregunta y pasar por esos lugares, creo que interpela a un montón de gente porque medio que estamos todos en la misma, en ese sentido. Y son momentos. Ahora, estoy trabajando en una obra que me gusta mucho -muchas veces a uno no le tocan materiales que lo convocan o lo interpelan en todo sentido-, con gente que quiero mucho, estamos haciendo más funciones de las que pensábamos y el público tiene una respuesta muy buena. Está re bueno poder disfrutarlo, aunque es difícil no estar pensando '¿cómo sigue?, ¿qué pasa el mes que viene?', y así. ¡Es un trabajo constante!
El teatro implica un intercambio energético entre los intérpretes y los espectadores, ¿cómo vivís la experiencia con el público?
¡Es hermoso todo lo que pasa con la gente! Hacer un unipersonal es agotador. Termina la función y no me queda energía para mucho más que para ir a mi casa, comer y descansar, porque son muchas capas de pensamiento que uno está teniendo todo el tiempo entre la obra, la marca, el texto, más lo que pasa con la gente, más lo que puede pasar con un teléfono, con una tos, cuando se ríen más de lo que uno piensa, o cuando se ríen menos de lo que uno piensa.
Tras haber realizado varias funciones, y en constante expansión de la obra, ¿qué significa “Ahoradespués” en tu vida?
Si bien soy cero místico, me sorprende cómo se dio todo. Justo el día que me llamó Héctor yo acababa de decir que no a otro proyecto. Si hubiese dicho que sí a ese, no hubiese podido hacer Ahoradespués. Estamos hace casi un año laburando con la obra, entre leer cosas y ver películas, profundizar y tratar de ensanchar. Para mí, es un proyecto muy especial, y es el texto que, más allá de la dificultad por el unipersonal, más me convocó como actor. Ya me gustaba antes de estrenarlo y de saber qué iba a pasar, ¡iba muy convencido con el material!