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Crítica de “Los tipos malos”: Los simpáticos antihéroes del público infantil
Los antihéroes triunfaron en el cine en la década de los setenta: villanos carismáticos que destacaban por ser los menos malos dentro de un universo de malditos. Alex DeLarge en La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971), Michael Corleone en El Padrino (The Godfather, 1972), y Travis Bickle en Taxi Driver (1976). Los tipos malos (The Bad Guys, 2022) trae a estos personajes al cine infantil, siguiendo el camino iniciado por Gru en Mi villano favorito (Despicable Me, 2010).
El Sr. Lobo, el Sr. Serpiente, el Sr. Tiburón, el Sr. Piraña y la Sra. Tarántula; son una pandilla de criminales que roban bancos y se divierten al ser perseguidos por la policía. Cuando deciden robar un delfín de oro, accidentalmente cometen un acto de bondad, cambiando radicalmente su imagen social. La posibilidad de hacer el bien se convierte en una opción nada desdeñable para la pandilla delictiva.
Los animales considerados peligrosos para el ser humano han sido eternamente condenados a ser los villanos de las fábulas infantiles. Justo por esa mala fama, son los integrantes de esta banda de delincuentes en la película.
Los tipos malos tiene el espíritu y la incorrección política característicos de Dreamworks (Shrek, Kung Fu Panda, Trolls), con personajes que hablan a cámara y buscan la complicidad del público. El Sr. Lobo (voz en inglés de Sam Rockwell) actúa como jefe de la banda y hace constantes guiños al estilo de Groucho Marx.
La película se apoya en sus carismáticos personajes en busca de mejorar su imagen negativa en una historia divertida y dinámica, con el ritmo histriónico propio de este tipo de productos infantiles.
Estos personajes, más que villanos, se presentan como humanos con sus fallas, en busca de redención. Son acordes con la época y tienen la gracia necesaria para armar una franquicia de películas. La segunda parte está anunciada para mediados de 2025.