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Crîtica de "Ascenso/Upgraded": Camila Mendes, una Cenicienta en una moderna reinvención de "El diablo viste a la moda"
Las comedias románticas ambientadas en universos laborales suelen apoyarse en una fórmula conocida: personajes que desean ascender socialmente, relaciones atravesadas por secretos y escenarios donde el éxito profesional se mide a partir de la apariencia. Ascenso retoma esa estructura para construir una historia sobre las máscaras necesarias para sobrevivir dentro de un sistema obsesionado con el prestigio y la validación.
Ana, interpretada por Camila Mendes, trabaja como becaria en una galería de arte donde cada vínculo parece funcionar bajo reglas no escritas de obediencia y simulación. La película utiliza ese entorno para mostrar un ecosistema donde las jerarquías condicionan incluso los gestos más mínimos. La figura de su jefa, encarnada por Marisa Tomei, aparece como una extensión de ese mecanismo: una mujer que administra el poder desde el desgaste y la presión constante. El viaje a Londres y el inesperado ascenso a primera clase funcionan entonces como una puerta de entrada a otro espacio social, uno donde Ana comienza a interpretar un personaje distinto de sí misma.
La llegada de William, interpretado por Archie Renaux, activa el eje romántico del relato, aunque la película encuentra mayor interés en las tensiones derivadas del engaño que en la historia sentimental en sí. Más que una relación amorosa convencional, lo que aparece es una negociación permanente entre lo que cada personaje muestra y aquello que intenta ocultar. En ese punto, Ascenso trabaja sobre la idea de identidad como representación, especialmente dentro de ambientes donde el reconocimiento depende de sostener una imagen convincente.
La dirección evita el exceso melodramático y apuesta por un ritmo sostenido que encuentra apoyo en el trabajo de su elenco. Mendes construye una protagonista que oscila entre la ambición y la incomodidad, mientras que Renaux aporta naturalidad en los momentos donde el relato necesita alivianar su estructura. Tomei, por su parte, introduce una energía ligada a la ironía y al control, funcionando como contrapunto dentro de una narración atravesada por vínculos desiguales.
Aunque la película no modifica las reglas tradicionales de la comedia romántica contemporánea, logra sostener una mirada sobre los mecanismos de ascenso social y las ficciones personales construidas para pertenecer. En tiempos donde la validación parece depender de la percepción ajena, Ascenso encuentra en esa lógica su principal tema: la necesidad de actuar constantemente para ocupar un lugar dentro de un mundo que convierte la identidad en una puesta en escena.