Cine por la Inclusión
Crítica de "Mía": Un melodrama de rupturas de Javier Van de Couter
Ale (interpretada por la magnética Camila Sosa Villada), una mujer trans cordobesa, subsiste cartonando por las noches y trabajando como costurera durante el día. Una noche, mientras busca entre los desechos, presencia cómo un hombre se deshace de una caja repleta de objetos, incluyendo un diario íntimo. La curiosidad lleva a Ale a leer sus páginas, descubriendo que pertenecen a Mía, una mujer que se quitó la vida poco tiempo atrás. A través de las palabras de Mía, Ale vislumbra una vida llena de posibilidades que ella nunca ha tenido. Impulsada por este contraste, toma una decisión audaz: asumir la identidad de Mía, ocupar su lugar y reclamar la familia que la joven dejó atrás.
Javier Van de Couter construye la trama como un melodrama moderno, presentando a una protagonista marcada por el sufrimiento pero aferrada a la esperanza. A través de Ale y su vínculo con Manuel (un convincente Rodrigo de la Serna) y Julia (la prometedora Maite Lanata), la película explora diversas temáticas con perspectivas encontradas. La esperanza coexiste con la desazón; mientras Ale lucha por escapar de la marginalidad, resuenan las voces de quienes han perdido la fe y se resignan a su destino. La exclusión y el maltrato se contraponen a una autoexclusión que conduce a la formación de un gueto.
La película no idealiza ni embellece la realidad, sino que presenta las contradicciones inherentes a la vida misma. Al exponer diversos puntos de vista y opiniones, la historia adquiere una autenticidad que la distancia de la mera ficción. En lugar de una construcción poética del entorno, Van de Couter opta por una representación más bien trágica.
Mía (2011) se erige como un cine de rupturas. Desde el inicio, la película establece que su protagonista es una mujer trans que, además, asume el rol de heroína, desafiando las estructuras narrativas convencionales. Resultaba impensable, hace tan solo una década, una película de estas características protagonizada por una mujer trans que lucha por sus derechos, abraza su identidad y aspira a formar una familia, incluso reemplazando una figura materna.
Si bien una lectura superficial podría reducir Mía a la historia de una cartonera trans marginal que busca ocupar el lugar de una mujer fallecida, esta interpretación pasaría por alto su esencia. Javier Van de Couter conduce la narrativa hacia lecturas más profundas y potentes, planteando hipótesis complejas y creíbles, tan contradictorias como la propia existencia. En este universo cinematográfico, la desesperanza convive con la visión de un futuro mejor, un futuro marcado por la reducción de la violencia y el aumento de la inclusión.