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Crítica de " Colisión": potente thriller de atracos de Daniel Sánchez Arévalo con Laia Costa, Luis Zahera y Álvaro Cervantes
Los atracadores de Colisión (2026) entran juntos al banco, pero cada uno lleva consigo una historia que los demás desconocen. Daniel Sánchez Arévalo encuentra en esas diferencias el material para un thriller que vuelve sobre los hechos sin desgastarlos. Las variantes del relato cambian nuestra percepción de los personajes: lo que parecía una reacción al fracaso del plan adquiere otro sentido cuando aparecen sus motivos. El guion hace avanzar la acción mientras nos obliga a revisar lo que creíamos haber entendido.
La historia transcurre en Madrid, en 2013. El director de una sucursal bancaria llega a trabajar entre los reproches de los vecinos, hasta que tres enmascarados irrumpen y lo obligan a abrir la cámara. Allí no encuentran lo que buscaban. Escapan con lo que pueden cargar y suben al vehículo donde los espera un cómplice, aunque las sospechas pronto convierten la huida en otro problema. La colisión con un coche abre las bifurcaciones del relato y permite descubrir qué llevó a cada uno hasta el banco y cuánto decidió callar para participar del plan.
Sánchez Arévalo aprovecha una de las fuentes de tensión del cine de atracos: la distancia entre compartir un objetivo y confiar en quienes deben ayudar a cumplirlo. Las variantes le permiten explorar esa distancia sin agotar el conflicto en una sucesión de traiciones. Una demora, una muerte o una reacción alteran las relaciones y producen consecuencias que el espectador debe reconsiderar. El parentesco con Corre, Lola, corre (Lola rennt, 1998) está en el uso de esas variaciones como principio narrativo; la relación con Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the Devil Knows You’re Dead, 2007) pasa por los conflictos que los participantes arrastran al robo. La originalidad de la propuesta surge de cómo integra esos recursos: cada recorrido tiene un desarrollo que justifica el regreso y conserva la curiosidad por lo que todavía falta saber.
El reparto da continuidad a esa construcción. Laia Costa, Karra Elejalde, Luis Zahera, Tamar Novas, Álvaro Cervantes y Lluís Homar sostienen a sus personajes entre situaciones que modifican su margen de acción y el lugar que ocupan frente a los demás. Así, las bifurcaciones mantienen un interés que excede el funcionamiento del mecanismo: seguimos las piezas porque importan quienes las encarnan. El contexto también interviene en esa relación. La crisis económica y los reclamos contra la sucursal dan al banco un peso que va más allá de contener el botín. El atraco concentra un malestar previo, mientras los secretos de sus participantes impiden reducir sus motivos a una sola explicación. La denuncia se incorpora al suspenso a través de lo que cada uno busca recuperar, cobrar o esconder.
Colisión (2026) cumple con una exigencia del thriller: hacer que cada revelación aumente las ganas de seguir mirando. El guion encuentra nuevas posibilidades en su premisa, la dirección mantiene el pulso y las actuaciones permiten transitar los cambios sin perder de vista a los personajes. Su estructura entretiene porque transforma la información en acción y hace de cada regreso una oportunidad para avanzar. Sánchez Arévalo consigue que conocer el fracaso del robo sea apenas el comienzo del interés. El atraco termina antes que sus secretos.