Salas
Crítica de “La caja del demonio”: terror para poner de fondo un domingo
Después de pasar años cuidando a su madre enferma y quedarse sola tras su muerte, Ellen (Carla Gugino) se muda a un pueblito tranquilo con la idea de empezar de nuevo. En ese intento de rearmarse, decide recibir en su casa a Winthrop (Lou Taylor Pucci), un primo al que no veía desde hacía muchísimo tiempo y que llega cargando con un trauma muy pesado. La convivencia arranca con cierta torpeza, pero de a poco ambos se van acercando, hasta que empiezan a suceder cosas extrañas en la casa y Ellen comprende que algo que no pertenece a este mundo viene siguiendo a su primo desde hace tiempo. ¿El problema? Todo lo que trae la cinta ya lo vimos, y no una, sino muchas veces.
La caja del demonio (Lockbox, 2026), de Daniel Stamm, el mismo de El último exorcismo (The Last Exorcism, 2010), se mueve de punta a punta por la estructura de manual del cine de terror comercial: la presentación tranquila, los primeros ruidos raros, el personaje que sabe más de lo que dice, el susto que llega justo cuando ya era esperable y el tramo final donde todo se acelera para cerrar el asunto.
Cuando se va un paso adelante de la película, el terror deja de funcionar. No hay un solo momento de verdadera sorpresa: la resolución se ve venir desde bastante lejos y lo que tendría que funcionar como una revelación termina siendo la confirmación de algo que ya se había adivinado. La película aburre porque no hay nada que saque al relato de su molde ni que permita imaginar que la historia podría tomar otro rumbo. Y ese esquema comercial recontra usado, por más prolijo que esté, a esta altura cansa más de lo que entretiene.
No es ninguna novedad, dado que estamos en la época de lo refritado, de lo seguro, de la fórmula que ya probó que vende, mientras que la creatividad y las ganas de probar algo distinto quedan relegadas al cine independiente, que encima termina tapado por producciones como esta, que ocupan las salas y la conversación.
La caja del demonio es una película de plataforma, de esas que se ponen un domingo a la tarde de fondo mientras se hace otra cosa y que, si alguien se levanta a calentar el agua para el mate, no se pierde absolutamente nada.