2026-09-03

Salas

Crítica de “Esa cosa con alas”: Benedict Cumberbatch en una oscura metáfora sobre la ausencia y el duelo

Dylan Southern dirige Esa cosa con alas (The Thing with Feathers, 2025) como un thriller psicológico disfrazado de película de terror, tomándose su tiempo para mostrar lo difícil que puede ser afrontar la pérdida de alguien cuya ausencia transforma radicalmente la vida cotidiana.

En este caso, Benedict Cumberbatch interpreta, con absoluta sobriedad y mucho oficio, a un padre que tiene que reacomodar su vida tras la muerte de su esposa: una familia en donde todo el peso de lo que suceda con sus hijos recae sobre su espalda. A todo esto se suma un pájaro negro que, bajo diferentes formas, se le aparece para recordarle que, mientras él esté ahí, no podrá seguir adelante con su vida.

El clima denso y oscuro está muy bien logrado y es la característica principal de Esa cosa con alas, pero al mismo tiempo el exceso de solemnidad hace que la película se sienta redundante y repetitiva en sus conceptos. El guion del propio Southern está limitado a lo que le sucede al personaje principal y el resto son apenas satélites de este y del cuervo, que lo va llevando por las diferentes etapas psicológicas que implica afrontar el duelo. Todo esto termina por cansar al espectador, que debería llegar preparado para lo que va a presenciar: una lúgubre representación de lo que la muerte genera en quienes siguen vivos, cuya única salida parece residir en el arte, la amistad y el amor.

Las actuaciones son todas de gran nivel y logran transmitir la situación crítica que atraviesan, sobre todo los niños, que más allá de su talento denotan una gran dirección de actores. Por su parte, Benedict Cumberbatch lleva todo el peso y el protagonismo absoluto, algo que evidentemente le sienta muy bien. Dan ganas de verlo en diferentes registros actorales para los que se encuentra perfectamente preparado, demostrando por qué es uno de los grandes actores ingleses de esta época.

La atmósfera oscura y densa es condescendiente con la historia que se cuenta y la música acompaña correctamente, pero nada sobresale de manera evidente. Así, queda apagado un potencial que la película pudo haber desarrollado, pero que termina dejando escapar en su búsqueda de una melancolía taciturna.

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