2026-08-31

Misteria en el Teatro Liceo

Manuel González Gil lleva “La ratonera”, el clásico policial de Agatha Christie, al Teatro Liceo

Una intensa nevada deja aislado al recientemente inaugurado hostal Monkswell, donde un grupo de desconocidos queda atrapado sin posibilidad de abandonar el lugar. Mientras los huéspedes intentan convivir en medio de las primeras tensiones, la noticia de un crimen ocurrido en Londres altera la tranquilidad del refugio. Poco después llega un joven sargento de policía con una inquietante advertencia: el asesinato podría estar relacionado con uno de los presentes y todo indica que habrá una nueva víctima.

Así comienza La Ratonera (2026), el clásico policial de Agatha Christie, que combina suspenso, humor, falsas pistas y giros inesperados. En esta ocasión, la adaptación local tiene dirección y versión de Manuel González Gil, quien dialogó en exclusiva con EscribiendoCine, en la previa del estreno. La obra se presentará de miércoles a domingo en el Teatro Liceo (Avenida Rivadavia 1.499, Capital Federal).

Tanto “La Ratonera” como Agatha Christie están súper instaladas en el imaginario popular, ¿cuál son las oportunidades y los retos de llevar a escena una historia que, en mayor o en menor medida, el público ya conoce?

La Ratonera propone un teatro para ser escuchado, una historia a contar. ¡Eso es muy atractivo! Y escrita por una maestra como Agatha Christie, una profesional del género policial, tal vez la mayor especialista. La Ratonera es una historia para gozar del teatro, tiene misterio, terror y suspenso, y solo es contada por actores. No hay otra mecánica porque el teatro está muy limitado en su estructura y en su forma para narrar, aunque también tenés música, luces, etcétera. Siempre digo que estos climas, y este género, lo generan las buenas actuaciones.

Acá se va a ver a un elenco de ocho actores sumamente atractivos, que se van a subir a ese escenario para trasmitir esta historia desde una verdad impresionante. Al mismo tiempo, tiene humor y un ritmo muy especial. Parto de una historia de dos horas y media que está en Londres, a una versión de una hora y media.

Si bien tenés un camino artístico extenso y ecléctico, cada proyecto plantea nuevas preguntas. ¿Algún interrogante particular que te haya despertado La Ratonera?

Esta obra tiene muchos secretos. Se estrenó hace más de setenta años. Y si googleás o buscás quién es el asesino de La ratonera, no aparece. Hay como un acuerdo social en no contar el final. Los actores de Londres se han encargado de mantenerlo pidiéndole al público que no lo devele. En este caso, se lo voy a pedir a Betiana (Blum), que le hable al público para pedirle que guarde el secreto, ¡es fundamental! Siento que es un misterio que difícilmente puedas encontrar en el teatro. Hay que pensar que Agatha Christie no pudo hacer la película por ese motivo.

Por otro lado, creo que el género policial no está muy contado en teatro, no hay muchas obras. El único policial que yo dirigí fue Extraños en un tren de Hitchcock. Porque Misery -que hoy la tengo en cartelera- casi no es policial, es otro género.

La profesión se resignifica constantemente. Después de todo lo recorrido, ¿qué mirada tenés hoy sobre tu rol, sobre la dirección?

Eso viene con el aprendizaje del vivir. Siento que no tengo nada que ver con el primer director que empezó hace 50 años. En mi primera obra, yo tenía una ansiedad de producción, de resultado, no daba tiempo de acompañar a los actores. Ese director lo tenía todo planificado y sabía todo lo que iba a hacer. En este momento, soy como un polo opuesto. Yo planifico y tengo todo en la cabeza antes de empezar el ensayo, pero ruego a Dios que ahí me cambien, eso significa que vamos a crecer, que la idea que yo traje va a ser superada. Quiero que los actores modifiquen lo que planteé. Es un camino que me llevó todo este tiempo para entenderlo claramente: el teatro es de los actores. Entonces, la dirección es un acompañamiento a su tarea, fundamentalmente. Y de eso estoy cada vez más convencido.

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