2026-08-12

Bafilma

Crítica de "Las olas": recuerdos que emergen del mar

El argentino Adrián Biniez (Gigante, El 5 de Talleres) construye en Las olas (2017) un relato que altera la continuidad temporal a través de una serie de regresos al pasado que recuperan distintos momentos en la vida de su protagonista. Alfonso (Alfonso Tort) sale del trabajo, camina hacia el mar, se quita la ropa y comienza a nadar. Cuando emerge a la superficie, ya no se encuentra en el mismo tiempo ni en el mismo espacio. El agua funciona así como puerta de entrada a recuerdos, vínculos y preguntas que permanecen abiertas.

Biniez divide cada uno de estos desplazamientos temporales con el título de una obra de Julio Verne y organiza la película mediante episodios que funcionan casi como relatos breves. La fragmentación encuentra su unidad en Alfonso, convertido en el punto desde el cual se articulan pasado y presente.

Alfonso nada, emerge y se encuentra con su madre; vuelve al agua y aparece frente a sus amigos de la infancia o ante su exmujer y la nueva pareja de ella. De esta manera, Biniez reconstruye una vida sin recurrir a una representación convencional del paso del tiempo. Alfonso Tort interpreta al personaje durante la infancia, la juventud y la adultez sin modificar su apariencia. La decisión transforma cada regreso al pasado: no vemos a Alfonso como era entonces, sino esos acontecimientos atravesados por la mirada del hombre que los recuerda.

El recurso permite pensar los flashbacks menos como reconstrucciones objetivas que como manifestaciones de la memoria. El pasado no reaparece intacto, sino intervenido por quien lo evoca. Así, las distintas edades conviven en un mismo cuerpo y la cronología pierde importancia frente a la experiencia del recuerdo.

Entre el surrealismo, la ironía y un humor que evita explicar cada situación, Las olas deja además algunos cabos sueltos sin necesidad de resolverlos. Biniez no busca ordenar la vida de Alfonso ni convertir sus recuerdos en respuestas, sino acompañar sus desplazamientos entre tiempos, afectos y ausencias. La película avanza y retrocede como el propio movimiento del mar: cada vez que Alfonso vuelve a la superficie, algo de su pasado regresa con él.

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