Salas
Crítica de “Franz”, biopic sobre Franz Kafka, uno de los escritores más influyentes de la literatura universal
Hay varias películas que marcaron la niñez de quien escribe, pero sin dudas El Jardín Secreto (The Secret Garden, 1993) y Europa, Europa (1990) son dos de ellas, ambas realizadas por la directora polaca Agnieszka Holland, al igual que el largometraje en cuestión. Franz (2025), representa a un hombre con ideales y una creatividad adelantados a su tiempo, cuyo reconocimiento como es sabido llegó más bien post mortem. Una persona tan singular y peculiar como Franz Kafka (1883-1924) no podía tener una biopic ordinaria ni tradicional y en ese sentido se celebra que la propuesta de su película biográfica decida aventurarse y correr riesgos. El protagonista es interpretado sólidamente por Idan Weiss, tanto en su caracterización física como psicológica, logrando componer la personalidad y el mundo interior del autor de “El proceso” y “La Metamorfosis”, entre tantos otros relatos. El filme utiliza una estética expresionista para sus percepciones mentales, su mundo interior o alucinaciones, y para el resto posee gran belleza compositiva y un gran trabajo de reconstrucción de época.
Estrenada en los prestigiosos festivales internacionales de cine de Toronto y San Sebastián, Franz mediante los vaivenes temporales -de los cuales quizás abusa- el relato alterna entre el pasado -la vida de Kafka- y el presente, que muestra a un turismo en Praga que parece girar alrededor del Museo Kafka y tours gastronómicos por la ciudad. La visualización del tiempo actual se contrapone al tiempo pasado, con una mirada muy crítica hacia el marketing en torno a Kafka, a sus objetivos lucrativos y vacuos que parecen alejarse de los hechos históricos que retrata el filme en su otra parte. En consecuencia, acertadamente, se produce un contraste entre ambos tiempos y espacios, donde si bien esa crítica al lucro de la figura de Karka es contundente e inteligente, a medida que avanza el relato se vuelve muy reiterativa e interrumpe demasiado la acción del tiempo pasado.
El problema principal de la narración es que es tan fragmentaria que no termina de desarrollar los episodios en la vida de Kafka, y en adición, tampoco permite que el espectador se conmueva o conecte del todo con los personajes. Franz se preocupa por retratar la relación tensa y tortuosa del escritor con su padre, su constante búsqueda de aprobación, donde ambos personajes son representados como opuestos tanto física como mentalmente. Asimismo, la película esboza la dificultad de Franz para vincularse sentimentalmente con las mujeres, presentando sintéticamente tres romances en su vida: Felice Bauer, Grete Bloch y Milena Jesenská. Al respecto, el guión realiza un paralelismo interesante, planteando que Kafka quizás Kafka estaría a gusto en el mundo actual porque aparentemente le resultaba más sencillo vincularse por correspondencia que personalmente, como hoy lo sería la virtualidad tecnológica.
Otra cuestión llamativa es que Kafka muere en 1924, a los cuarenta años a causa de tuberculosis -lo cual es mostrado en el final del relato- y si bien el antisemitismo ya estaba presente en Europa desde mucho antes, el nazismo comenzaría a promulgar sus leyes contra los judíos a mediados de la década del ’30, mientras que en el desenlace del largometraje ya se muestra como la familia de Kafka de origen judío ya comenzaba a padecer la persecución y sus hermanas eran enviadas a los campos de concentración. En consecuencia, pueden inferirse dos cuestiones, primero que a pesar de dichas cuestiones tener un anclaje en los hechos históricos, pues las tres hermanas de Kafka fueron asesinadas en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial, la película se toma cierta libertad narrativa con un deseo de “visión profética” ya que él no llegó a vivir los avatares de la Segunda Guerra Mundial. Quizás la directora -que escribió el guión junto a Marek Epstein- intenta representar cómo el horror histórico fue anticipado en la obra de Kafka, quien aparentemente si padeció las tensiones sociales, la discriminación y el inminente antisemitismo, que resultaron presentes como la persecución y el trasfondo asfixiante en su literatura.
En conclusión, se valora la propuesta estética que tiene una búsqueda innovadora en el género de la biopic y la representación o retrato general e interior que se realiza del escritor, pero sus interrupciones y fraccionamientos la convierten en un relato disperso, extenso y monótono por momentos, que no termina de conmover al público a pesar de algunas escenas muy bellas a nivel compositivo y sensorial. La directora de Olivier, Olivier (1992) retrata conscientemente de forma incompleta el “encanto inconsciente de un mártir” que fue capaz de “describir en una sola frase lo que a otro le tomaría páginas”. En Franz se representa al hombre y al artista que buscaba su lugar en el mundo, intentando alejarse de los mandatos sociales y buscando entender su conmoción interior para darle lugar mediante su expresión creativa.