2026-07-31

Palacio Libertad

Crítica de "Todos mienten", encerrados afuera por Matías Piñeiro

a historia parece sencilla: un grupo de amigos se reúne en una casa quinta con la intención de resolver los vínculos opacos que los mantienen unidos. Sin embargo, esa premisa funciona apenas como un punto de partida. Todos mienten construye un relato donde la información circula de manera fragmentaria y los diálogos nunca terminan de despejar el misterio. Matías Piñeiro convierte esa opacidad en el motor de la película: el espectador avanza entre sospechas, gestos y conversaciones que esconden tanto como revelan.

La casa quinta deja de ser un simple escenario para convertirse en un dispositivo narrativo. Allí los personajes ensayan estrategias, investigan, imaginan un robo, conspiran y negocian sus alianzas. Pero también exponen sus cuerpos como parte del relato: se besan, se rechazan, simulan un desmayo o representan situaciones cuya autenticidad nunca resulta completamente verificable. En ese juego permanente entre actuación y verdad, la película instala una pregunta constante sobre la naturaleza de cada vínculo y sobre la posibilidad de confiar en lo que se ve.

Esa dimensión física convive con una experiencia sensorial que atraviesa toda la puesta en escena. Piñeiro organiza el espacio como si cada plano ocultara una parte de la acción. Los encuadres excluyen personajes, interrumpen conversaciones o dejan acontecimientos fuera de campo, obligando al espectador a completar aquello que la cámara decide no mostrar. La narración deja de depender exclusivamente del diálogo para construirse a partir de ausencias, desplazamientos y fragmentos. El fuera de campo no funciona como un recurso de suspenso, sino como un mecanismo que transforma la percepción del relato.

A partir de esa lógica, el director despliega las preocupaciones que atraviesan buena parte de su filmografía: el diálogo con la tradición literaria, la representación como forma de conocimiento y el pasado entendido como una materia que puede ser reinterpretada desde el presente. Lejos de aparecer como referencias eruditas, esos elementos se integran de manera orgánica a una película que encuentra en el artificio un modo de explorar las relaciones entre los personajes.

Todos mienten ocupa un lugar singular dentro del cine argentino contemporáneo porque desplaza el interés desde la resolución de la intriga hacia la experiencia de observar cómo esa intriga se construye. La película propone una participación activa del espectador, que debe reconstruir espacios, interpretar silencios y reorganizar la información dispersa en cada escena. Más que ofrecer respuestas, Piñeiro diseña un mecanismo narrativo donde la incertidumbre constituye el verdadero centro de la experiencia cinematográfica.

Te puede interesar