2026-07-29

Salas

Crítica de "Spider-Man: Un nuevo día": Un regreso sin altura para el héroe de Tom Holland

Spider-Man: Un nuevo día (Spider-Man: Brand New Day, 2026) es una película demasiado distraída para todo lo que dura y demasiado pequeña para todo lo que promete. La cuarta entrega del Spider-Man de Tom Holland hace un poco de todo sin destacarse en nada: ni por su historia, ni por sus villanos, ni siquiera por la acción, que es relativamente escueta para los estándares circenses de aquel noble vecino de Queens.

Tras el final de Spider-Man: Sin camino a casa (Spider-Man: No Way Home, 2021) el mundo ha olvidado – literalmente por arte de magia – a Peter Parker (Holland), incluyendo su novia MJ (Zendaya) y mejor amigo Ned (Jacob Batalon). Exiliado a una vida anónima y aislada de todo contacto humano, Peter dedica su tiempo a pelear contra el crimen como Spider-Man. Mientras se debate sobre cómo introducirse de nuevo en las vidas de sus seres queridos – y si vale la pena – aparece un nuevo y elusivo villano, alguien capaz de leer mentes y poseer cualquier persona a distancia, que amenaza con extinguir su carrera como héroe y la poca vida social que le queda.

En cierto sentido la historia nunca supera la intriga de su primer acto, que no solo cruza a Peter con un villano misterioso e intimidante, sino que también lo pone en jaque cuando sus propios poderes lo traicionan a medida que una fuerza arraigada en su ADN arácnido comienza a tomar control. Pero ambos planteos tienden a la decepción: la identidad y motivación del villano son a la larga incógnitas sin tensión, y resulta difícil distinguir si el conflicto interno de Peter es algo que el guión descarta o resuelve.

La tentación de enrocar poder para tener menos responsabilidad, o de sacrificar un eje moral por todavía más poder, son dicotomías que Sam Raimi ya exploró mucho más a fondo en su propia trilogía. Destin Daniel Cretton, el director de Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos (Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings, 2021), señala las mismas ideas sin desarrollarlas. Dirige una película sin un foco claro, con subtramas que se dispersan y un tercer acto que se alarga interminablemente con vista al futuro de Marvel más que el de Spider-Man.

La película brilla cuando se permite momentos humanos, ya sea la insoslayable química que comparten Holland, Zendaya y Batalon, aún interpretando a desconocidos, y la divertida dinámica entre Spider-Man y Punisher (Jon Bernthal), un personaje de televisión que no aporta mucho a la trama pero sí le da algo de textura humana. Algunos cameos son divertidos (Florence Pugh, haciendo de Viuda Negra 2.0 que vive y trabaja en un sauna), otros se sienten más que nada obligatorios (Mark Ruffalo, Bruce Banner/Hulk, ficha su novena participación en el MCU sin pena ni gloria).

Cretton firma una película competente que arranca prometedoramente pero carece de inercia y si el comienzo es un tremendo salto no queda otra más que planear o caer hacia el final sin nunca recuperar la altura. Está hecha de más buenos momentos que buenas escenas, tan entrañable y trágicamente anónima como su superhéroe.

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