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Crítica de “Contrarreloj”, Liam Neeson en otra película de un cine de acción que muere lentamente
Contrarreloj (Retribution, 2023) nos muestra a Matt Turner (Liam Neeson), un hombre de negocios estadounidense viviendo en Berlín. Durante un día rutinario, se encuentra en una carrera contra el tiempo para salvar su vida y la de sus hijos.
Lejos quedó la época de La lista de Schindler (Schindler 's list, 1993), película que le valió a Liam Neeson una nominación al codiciado premio Oscar de la academia. Lejos, incluso, quedaron aquellas épocas en las cuales trabajó con actores de enorme renombre como Robert De Niro y Jeremy Irons en La misión (The mission, 1986), con Mel Gibson y Anthony Hopkins en Motín a bordo (The Bounty, 1984).
Podemos extrañar hasta sus actuaciones en la saga de Star Wars, donde protagonizó el tan criticado Episodio 1 (Star Wars: Episode I - The Phantom Menace, 1999), su papel de antihéroe vengativo en Darkman (Darkman, 1990), cuando fue dirigido por Sam Raimi con un guión que tuvo como consultores a los mismísimos hermanos Coen (off-record) o su viral papel como Bryan Mills en la saga Búsqueda implacable (Taken, 2008). Lo que nadie va a extrañar, indudablemente, es este mediocre y decepcionante thriller de acción, cuyo único desafío real es la pelea constante contra el sueño y la risa.
Desde un principio, la película intenta emular a Máxima velocidad (Speed, 1994), protagonizada por un muy joven Keanu Reeves y Sandra Bullock, pero jamás logra hacernos empatizar con ninguno de los personajes que nos presenta. Dentro del auto, junto con Neeson, se encuentran Jack Champion (Avatar: El sentido del agua, 2022) y Lilly Aspell (Mujer Maravilla 1984, 2020), en el rol de los hijos de Turner, completando la terna de protagonistas. La dirección, a cargo de Nimród Antal (Depredadores, 2010), elige buscar planos cerrados, que se cierran sobre los actores, haciéndonos sentir dentro del auto con ellos, asfixiados por la presión de la situación extrema. Lamentablemente, las actuaciones nos sacan de esa situación constantemente.
La trama nos lleva por un “viaje de expiación de pecados”, donde Matt se ve obligado a tomar decisiones de vida o muerte mientras maneja su auto, bajo el cual descansa una bomba controlada por la presión de los asientos. Esto impide a sus ocupantes escapar, resultando en un sin fin de situaciones que el film quiere hacernos creer que importan pero no tienen fundamentación alguna. Al final, toda la trama se mueve por un motivo mucho menos “épico” de lo que nos hacen pensar y culminando un viaje aburrido y vacío.
La duración de 90 minutos que tiene la película nos hace pensar, en un principio, que sería algo fácil de digerir. Pero sin embargo se hace muy larga. Quizás con un formato más corto, perteneciendo a algún tipo de serie policial con capítulos autoconclusivos, podría funcionar. Para la pantalla grande deja a la vista que, grandes actores en su mejor momento, ya deberían pensar en buscar otro tipo de papeles de ahora en más.